Geniol para el cáncer de la miseria

Editorial 01/10/2021 Por Editor
Volvimos a situarnos en lo más alto del podio de las ciudades más pobres de la Argentina, puesto que nos había arrebatado Resistencia en la medición anterior.
GENIOL

Ni siquiera nuestra posición política como la capital alterna de la República Argentina consiguió algo más que un título honorífico sin nada práctico que podamos obtener y constituye una muestra más del alpedismo con el que nos acostumbramos a ser vacunados desde las altas esferas mientras acá nos peleamos por un mendrugo de pan.

Sin dudas que hay factores concurrentes para, cada tanto, levantar la copa de la miseria más extrema del país y sus alrededores. No tenemos un liderazgo empresarial de un grupo de gente como fue la “Generación del 60” que fueron desarrollistas en serio y lograron espectaculares éxitos para Concordia y la región que, por repetidos, doy por conocidos, nombrando solo el aeropuerto, el autódromo, el impulso para que se haga Salto Grande, el Parque Industrial, etc.

Después, ese esfuerzo no continuó en discípulos, hijos o nietos de los precursores, se esfumó y llegaron los adalides de las peleas y discusiones por quien se come el pedazo de pan más grande, en lugar de propulsar la producción de más pan, para que cada uno tenga lo necesario para alimentarse, incitan las perimidas luchas de “clases” y se quedaron en pensamientos y estructuras políticas del pasado que fueron superados por la dinámica de los tiempos.

Todo lo que es nuevo les huele a podrido. Como no quieren tomarse el trabajo de ver si hay algo innovador para potenciar trabajo y bienestar, parten de un modelo de producción, trabajo y distribución de la renta que es antiguo y va a ser superada, como lo fue en China, donde conviven comunismo y capitalismo con mejor éxito que el capitalismo a ultranza de USA.

Son ultraconservadores, aunque se digan “izquierdistas”, lo son “de escritorio”. Obviamente no tienen una sola idea, salvo la de torpedear para que fracase cualquiera que ponga una idea de producción diferente.

Así como no tenemos una clase dirigente local, tampoco hay para importar talentos que traten de desarrollarse en una comunidad hostil para los emprendedores y empresarios. Sin empresas, no hay trabajo y las pocas empresas del Estado, son cooptadas por amigos del poder para “hacer la plancha”.

Los privados que pidan datos, recibirán un balde de agua fría: Capital del juicio laboral, poca mano de obra calificada y alta conflictividad laboral. Sugerencia: busque otro lugar. Consecuencia: Olvidarse de Concordia. Resultado: 56 % de pobreza.

¿Cómo le ponemos el cascabel al gato? Habría que hacer una “revolución” que, para ser rápida, podría ser cruenta y establecer nuevas reglas del trabajo, la producción y la distribución de los frutos, como esa ecuación podría dejar fuera de foco a sindicalistas, laboralistas y magistrados, se opondrán de todas formas a su implementación y seguiremos dependiendo de estas sanguijuelas que nos seguirán haciendo levantar la copa de la miseria.

En ese marco, el Estado, como se lo concibe hoy es un simple recaudador y distribuye geniol para el cáncer de la miseria. 

Incapaz de desarrollar nada serio, menos hará la revolución que dejará en manos de hijos o nietos. Mientras tanto, comamos lo que tenemos en la mesa, mañana…no sabemos si al igual que miles de nuestros hermanos escaseará el pan en el Triguero del Mundo. Qué pena. 

            

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