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Con la razón de concordienses

Editorial 14/11/2021 Por Editor
¡Hoy votamos! Y lo hacemos con el corazón, y guía nuestros pasos la emoción que en estos momentos juega más que la razón que debería guiarnos para establecer el mejor camino para llegar a lo que aspiramos como ciudad.

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La emoción muchas veces nos juega la mala pasada de desviarnos del camino porque estamos enojados y preferimos quemar las naves antes que pensar lo que es más racional y conveniente para nuestra Concordia.

Como ciudad, no nos salva nadie si no nos salvamos entre todos, y entre estos “todos” hay que incluir a los que están dispuestos a liderar ese sinuoso camino que no está exento de piedras para hacer de Concordia, la gran ciudad que nos merecemos y como impulsaron quienes nos antecedieron en epopeyas extraordinarias que se vieron coronadas con el éxito cuando se logró hacer Salto Grande, antes el Autódromo y el Aeródromo, gente comprometida con la ciudad que ya no está con nosotros para ver cómo aquellas ideas discutidas en reuniones de café y de algunas instituciones están hoy funcionando.

Lamentablemente, un Jorge Malleret, su amigo y socio, el contador Kazilari, el constructor Racca, Miguel Hualde y tanto otros se fueron y no dejaron descendencia que siga sus pasos, quedamos algunos pocos que todavía sostenemos las ideas desarrollistas de don Miguel Huarte, apasionado socialista y de Jorge, desarrollista a ultranza, que tratamos de hacer entender que esta ciudad sale solo con desarrollo y nuevas fuentes de trabajo que para ser sustentables se deben asentar en la innovación.

En este punto, conviene apuntar, que muchos opinan sin el conocimiento mínimo de esta Concordia en la que vivimos, es como si alguien extraño entra a tu casa y empieza a criticarte porque tienes el piso sucio, no lavaste los platos y el techo tiene goteras. Resulta enojoso que un extraño entre en tu casa  para criticarte  y, además, quiera enseñarte cómo lavar los platos, cómo barrer y cómo arreglar las goteras.

Distinta es la situación cuando quien ingresa a tu casa es un amigo que no critica, pero te ofrece soluciones, como un producto para tapar las goteras, una escoba o un consejo de amigo.

La cosa cambia, porque el extraño se quiere meter en tu casa y después mandar en ella, decidiendo cosas que nosotros, como concordienses, queremos manejar a nuestra forma, aunque a muchos no les guste, nosotros sabemos que, quiérase o no, somos una  familia.

Y los problemas familiares hay que arreglarlos aquí. Esto viene a cuento porque al momento de votar elijamos, aparte de la emoción con la razón de saber que nos conviene elegir  un concordiense. Aquí desde el tiempo de la conquista, vinieron a convencernos con espejitos de colores y cuando les creímos terminamos como Tupac Amarú.

Entonces, al momento de ejercitar el derecho a expresarnos en las urnas, no nos olvidemos de que hay mucho por hacer y que si no es alguien de aquí, nadie va a venir a barrer nuestro piso, lavar nuestros platos y tapar nuestras goteras, si vive lejos y nos conoce por referencias. Elijamos con razón.

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