Gob er ola de cuidados

CONFIANZA EN SERVIDORES DE LA LEY

Editorial 02/09/2021 Por Editor
El descubrimiento de poliladrones en la fuerza policial no es nuevo, siempre hay un porcentaje de delincuentes infiltrados y como en toda fuerza corporativa existe un “espíritu de cuerpo” que impide detectarlos por sus propios organismos como Asuntos Internos.
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Cuando un policía se anima a señalar a uno de sus compañeros pasa a ser un paria y es trasladado a lugares donde no puede denunciar a nadie porque “no pasa nada” y donde hay acción una parte del botín se “pierde” en los procedimientos, papeles y declaraciones.

Al parecer, esta célula de poliladrones no era “contrabandistas” sino que “mejicaneaban” los matutes a los contrabandistas y en lugar de llamar a Aduanas para entregar los bultos, se los cargaban para ellos y se los repartían “uno para vos y otro para mí”.

No hay información -todavía- de que habían robado pero en la foto de lo secuestrado se ve poco y mucho “relleno”, mucha caja vacías y en la descripción de lo secuestrado se dice: “pistolas 9 mm.”, pero no se aclara si son las armas que la propia policía entrega a sus agentes para el cumplimiento de su deber o si, por el contrario, son armas ajenas al trabajo. Hay mucho “champú” y lentes de plástico de factura china que valen 2 pesos con 50, no por eso hay que desmerecer el procedimiento, y no interesa tanto el valor del botín sino que es mal habido. 

Lo peor es que esa corruptela de lo poco va engendrando un “vale todo” que luego se va transformando con el paso del tiempo en que todo está permitido y el policía se corrompe y pasa a ser un poliladrón que ya perdió todo contacto con la realidad, en lugar de servir a la comunidad pasa a servirse de ella para obtener cosas mediante el delito, es decir, traspasa la línea y se convierte en delincuente.

Cuando un ciudadano acude a un servidor de la ley, como un policía, si en lugar de ser un “servidor” encuentra un delincuente y para colmo no lo sabe, no puede confiarle su vida y la de su familia, sus bienes y hacienda, pues es posible que esta confianza sea violada y en lugar de recibir ayuda, sea víctima del delincuente disfrazado de policía.

Por esto es importante identificar estas personas, detenerlos y radiarlos del servicio, pero con los necesarios cuidados de no hacer pagar a santos por pecadores. En otro juicio, en Paraná, un comisario de Concordia, no solo clama su inocencia, sino que con fundamento explica que fue objeto de una “cama”, lo que le ha costado la carrera y su propia libertad. ¿Y si es inocente? ¿Cómo le devuelve la sociedad su puesto, los años perdidos en cárceles y estar sometido a un juicio injusto?

No hay nada que pague días de prisión. La libertad es algo innato del hombre y su privación va en contra del derecho natural de la persona, claro que hay casos en que es necesario aplicar la prisión, pero debe estar debidamente justificada, es siempre preferible equivocarse y dejar libre a un culpable que meter preso a un inocente, por “las dudas”.

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