
Todos somos pobres

No más del 10 % de nuestra gente supera ese nivel de ingresos, considerado el nivel mínimo para no caer en la pobreza. En buen romance, los sectores medios que no creían llegaría el día en que pasaría a estar en los registros como “pobres”, se han convertido, en pocos meses, en acceder a ser beneficiario del subsidio a la energía por no calificar como persona que no necesita del apoyo del estado.
La situación, se pone peor para los que ya eran pobres, que ahora pasan a ser indigentes y si todos, desde el presidente para abajo, dicen que se vienen los meses “más difíciles”, es probable que los nuevos pobres de hoy seamos los indigentes de mañana.
Parece estar de moda la autoflagelación, cansado del fracaso de las políticas anteriores, los argentinos estamos insólitamente de acuerdo en castigarnos a nosotros mismos y el presidente Milei cosecha más de un 50 % de apoyo, por lo cual hay que aplaudir que de una ciudad pobre, vamos a pasar a ser una ciudad de indigentes.
No es ironía, es la más pura verdad, algunos pensadores sin ser sicólogos, dicen que hay una especie de síndrome de Estocolmo. En 1973, dos hombres retuvieron a cuatro personas como rehenes durante seis días después de un robo a un banco en Estocolmo, Suecia. Después de ser liberados, los rehenes se negaron a testificar contra sus captores e incluso comenzaron a recaudar dinero para su defensa. Fue entonces, cuando los sicológos y expertos en salud mental asignaron el término “síndrome de Estocolmo” a esta condición.
Somos rehenes de precios que no manejamos, de impuestos que no aprobamos y del ajuste permanente para pauperizarnos cada vez más, al igual que los rehenes suecos, aplaudimos y apoyamos que nos vayan cruzando de condición social pensando en que cuando lleguemos abajo habrá un rebote y subiremos, recuperando lo perdido y ganando un premio por nuestro esfuerzo. Felicitaciones, somos buenos ciudadanos, los que soportamos lo que sea y apoyamos lo que sea, pero hay una mala noticia, no todos tienen la misma capacidad de soportar aplaudiendo. Si en poco tiempo más, no rebotamos, los que no soporten el hambre, no saldrán como esta mañana a tocar los tambores en interminable fila sobre la Avenida San Lorenzo y los casi cuarenta policías que esta madrugada hicieron un megaoperativo para detener a dos supuestos pistoleros, no serán suficientes para darnos seguridad y como el dengue que no se hace más el análisis, no se sabrá quien roba por necesidad al que aprovecha la ocasión.Como la esperanza es lo último que se pierde, esperemos y que Yeshua no se olvide de nosotros, pobres pecadores.



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