

Este es un día del amigo que nadie olvidará por mucho tiempo. Es insólito, porque la mejor forma de expresar nuestros sentimientos de afecto y hermandad con ellos, es no verlos en forma personal. Presencial, como se dice ahora. Suena raro, como todo lo que pasa en el mundo desde que ese maldito bicho nos invadió y alteró nuestra vida cotidiana.
Menos te veo, más te quiero. Mientras más lejos estoy, más cerca te siento. Mientras más me lavo las manos, más me comprometo con mis semejantes. Mientras menos me muevo, más ayudo. Para los argentinos esto es una gran frustración. Porque somos amigueros, toquetones, besuqueiros. Nos abrazamos y nos besamos como pocas personas hacen en otros países del mundo. Y hoy tenemos que aferrarnos a esos rectángulos que están en la pantalla y el audio que viene del parlante de la compu.
Hoy los amigos, son una voz en el teléfono o una imagen en la camarita. Pero todos sabemos que esto es absolutamente momentáneo. Que pasará. Que pronto, cuando salgamos de esta pesadilla, volverá el cuerpo a cuerpo, las carcajadas cara a cara, los brindis o la ronda de mate sin que nadie te mire feo porque no sabe si en la bombilla hay un bichito maligno.
Por eso tenemos que brindar en forma remota con nuestros amigos. Para que pronto podamos vernos sin miedos a contagiarnos. Levantar las copas, cada uno en su casa, para pedir que pronto podamos chocarlas, como corresponde.
En el transcurso, el Día del Amigo invita a recordar los buenos amigos que la vida nos ha regalado, algunos que ya no están y cuya ausencia se siente, como decía Facundo Cabral o el genial Alberto Cortez en esa canción que es un poema a la Amistad: “Cuando un amigo se va”:
Cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo
Cuando un amigo se va
Queda un tizón encendido
Que no se puede apagar
Ni con las aguas de un río
Cuando un amigo se va
Una estrella se ha perdido
La que ilumina el lugar
Donde hay un niño dormido
Cuando un amigo se va
Se detienen los caminos
Y se empieza a revelar
El duende manso del vino
Cuando un amigo se va
Galopando su destino
Empieza el alma a vibrar
Porque se llena de frío
Cuando un amigo se va
Queda un terreno baldío
Que quiere el tiempo llenar
Con las piedras del hastío
Cuando un amigo se va
Se queda un árbol caído
Que ya no vuelve a brotar
Porque el viento lo ha vencido
Cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo



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