Que no se nos vaya la vida

Editorial 29/05/2022 Por Editor
Investigando el “árbol de la vida”. Si en tiempos preelectorales vamos a empezar a investigar cada uno de los actos previos a este mandato municipal nos enredaremos en discusiones inútiles que nos llevarán a perder tiempo y esfuerzo.
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Hay tantas cuestiones que requieren de la mirada de nuestros concejales para aportar su particular óptica de asuntos más importantes y que influyen directamente en los ciudadanos que contribuyen con su esfuerzo a pagar los sueldos de funcionarios y representantes del pueblo, como son los concejales que  seríamos miopes si observáramos el “árbol de la vida” desde muy cerca y nos eleváramos a vuelo de pájaro (o de drones hoy día) para enfocarlo desde más alto y comprender que es un símbolo surgido del espíritu de Juan Carlos “Calucho” Cresto.

Y las cosas del espíritu son a veces insondables, se interpretan de acuerdo al alma de quien lo observa y el árbol de la vida representa nuestra propia existencia desde que nacemos con las raíces arraigadas al suelo, hasta que llegamos al final de nuestra vida.

El tronco representa esa unión entre la vida y la muerte que es la vida y todas las ramas que aparecen en el árbol son los múltiples caminos que nos podemos encontrar pero que, al final, todos terminan llevándonos a nuestro tronco.

Este símbolo ha formado parte de muchas religiones como, por ejemplo, la cristiana, la judía o la celta y, también ha sido tratado como un símbolo puramente espiritual y de crecimiento personal. De hecho, esta última lectura de este árbol es la que ha hecho que muchas personas hoy en día luzcan esta imagen como tatuaje en su piel o en su vestimenta.

Los cristianos consideramos que el árbol de la vida es el mismo árbol que Dios plantó en el paraíso perdido. Ese árbol que dio una manzana como fruto y en el que la serpiente convenció a Eva. En la Biblia aparece esta referencia al árbol de la vida, al igual que en el Génesis donde se indica que tenía propiedades mágicas ya que podía ofrecer la inmortalidad.

En la concepción cristiana, muchas veces se ha equiparado el árbol de la vida con la cruz de Cristo. El motivo de este símil es porque el árbol da la vida a la humanidad, igual que hizo la cruz. Este árbol aparece descrito como uno grandioso, majestuoso, que llegaba más alto que los mismos cipreses y que no era comparable a ningún otro árbol del jardín de Dios. Se describe como un árbol con muchísimas ramas y con una altura que era capaz de llegar casi a las nubes.

Sacar el “árbol de la vida” por un antagonismo político, parece un despropósito nacido del desconocimiento pues si ahondáramos los motivos que tuvo “Calucho” para propiciar colocar allí ese árbol, quedaríamos expuestos a nuestras miserias humanas.

No es el propósito de estas líneas ingresar al ámbito de la intimidad, pero dejaríamos sin final si no agregáramos que no hay duda alguna que el objeto de plantar ese árbol allí fue afirmar que el amor supera la barrera de la muerte y en estos tiempos, escasos de amor, el árbol de la vida es un símbolo, una cosa del espíritu y no solo de pan vive el hombre, también está ávido de amor.

Dejemos allí el árbol, preocupémonos de otras cosas y no mezquinemos comprensión y… amor.

El significado del árbol de la vida y sus interpretaciones

Las diferentes interpretaciones que se le puede dar a este símbolo. Básicamente, tenemos que partir de la base de que el significado de este árbol se relaciona con las propias partes del mismo, es decir:

  • Raíces hundidas en la tierra.
  • El tronco que crece de lo que se nutren las raíces.
  • Las ramas que se confunden y se bifurcan.
  • Las hojas que son los elementos que se encargan de recoger el agua y, por tanto, la fuerza.
  • Los frutos que aparecen gracias al buen estado del árbol.

Estos elementos son los que forman al árbol y, metafóricamente hablando, también son los que conforman nuestra existencia. Además de esto, no debemos olvidar que los árboles son esenciales para que haya vida en la Tierra porque nos proveen de oxígeno, por tanto, un árbol también puede hacer referencia al mismo acto nuestro de respirar, que es esencial para poder estar vivos.

Las hojas del árbol de la vida son las que ofrecen su "curación" ya que lo abastece del agua que cae del cielo y permite que esté fuerte y sano. Y estas hojas, vistas desde un punto de vista más metafórico, son nuestras herramientas para poder curarnos a nosotros mismos, una curación no vista desde un punto físico sino, sobre todo, espiritual.

Los elementos en el árbol de la vida

Además de esta connotación con el ciclo de la vida, este árbol también está relacionado con los 4 elementos de nuestro mundo, es decir: el aire, el agua, el fuego y la tierra. Todas estas fuerzas esenciales en nuestro planeta son las que permiten dar vida al árbol. Por lo que, a continuación, vamos a analizar de dónde provienen estas fuerzas y cómo ayudan a que el árbol esté en perfecto estado:

  • Fuego: la luz solar es la que permite que el árbol de la vida pueda nacer y crecer.
  • Tierra: este es el elemento que provee al árbol de alimento ya que nutre las raíces.
  • Agua: el agua se filtra por las raíces y por las hojas y le da la esencia vital de la vida pues, sin agua, el árbol no podría dar frutos y dar alimento.
  • Aire: el árbol de la vida llega hasta lo más alto, hasta el aire, y gracias a esto puede beneficiar el medio ambiente y ofrecernos, a nosotros, el oxígeno para poder respirar.

Por tanto, este tipo de árbol es un ser vivo que se adentra en el planeta Tierra de una forma plena y profunda. La abraza con sus raíces, necesita al Sol para poder crecer y extender sus raíces y de la lluvia y del aire es de donde puede crear vida y alimento.

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