Fue un lunes de rutina que terminó de otra manera. Pasadas las 15:45, personal de la Comisaría Octava recibió el aviso: dos personas discutían a los gritos sobre Ruta 4 y República Árabe de Siria, y algo en sus manos —o en sus cinturas— hacía temer lo peor. Cuando el patrullero llegó, uno de los dos ya no discutía: corría.