“DAÑOS COLATERALES” DE LA INJUSTICIA

Editorial 11/10/2021 Por Editor
La muerte de Félix Hugo Céspedes nos ha dejado conmovidos y estupefactos porque era un hombre demasiado joven para que las parcas vinieran a buscarlo y se lo llevaran. Si bien no hay edad para morir, a Hugo no lo mató la decrepitud de la vejez, ni las enfermedades que trae aparejada la edad avanzada, sino la injusticia que se disfraza de justicia y avanza pisoteando derechos mientras dice defender la legalidad.
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La muerte de Félix Hugo Céspedes nos ha dejado conmovidos y estupefactos porque era un hombre demasiado joven para que las parcas vinieran a buscarlo y se lo llevaran ayer.

Si bien, no hay edad para morir, a Hugo no lo mató la decrepitud de la vejez, ni las enfermedades que trae aparejada la edad avanzada, sino la injusticia que se disfraza de justicia y avanza pisoteando derechos mientras dice defender la legalidad.

Hugo es una víctima más de lo que se dado en llamar “daños colaterales” y que el ex vocal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Emilio Castrillón,  había calificado como un desatino “poner en la parrilla” a personas sospechadas de haber cometido delitos por lapsos prolongados hasta que llegan a juicio, aunque el hombre se quedó en la definición no hizo nada para cambiar esa realidad que tan bien describió.

Algunos, como Hugo Céspedes, no han soportado la presión que significa estar sometidos a un juicio penal y su corazón explotó antes que su nombre quedara limpio y, tal vez, murió porque sospechaba que hasta podría ser condenado porque la injusticia cotiza mucho más que la justicia y que sea inocente no es trascendente, ni importa, cuando el objetivo no es “hacer justicia” sino aparentar que se la está haciendo.

Imagino que Hugo habrá visto cómo hubo una repetición del “lavado de manos” de Poncio Pilatos, dejándolo expuesto a que los doctores de la ley lo cocinaran a fuego lento en honor a lo que pide la turba que algunos llaman “pueblo” y que haciendo un paralelismo él ,un humilde contador, no podría compararse jamás con el Mesías: "Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: 'Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis'". (Mateo 27:24).

Tal vez, pensó que el hijo de Dios que había hecho caminar a paralíticos, resucitar a Lázaro, trayéndolo de vuelta a la vida e infinidad de milagros, fue azuzado y obligado a cargar con la cruz coronándolo con espinas para ser crucificado ante los que pedían su muerte y que una semana atrás lo victoreaban como “el rey de los judíos”. ¿Qué destino podría tocarle a quien no hizo ningún milagro salvo los de sumar y restar?

Y esas disquisiciones, cuando alcanzan el paroxismo y se unen a la teatralización del juicio penal, no tienen diferencias relevantes con el pasado aunque haya ocurrido hace 2000 años. Jesús también estuvo sometido a este tipo de procesos y todos sabemos que terminó crucificado. El corazón de Hugo dijo basta y su alma se liberó de su cuerpo y se escapó al cielo, dejando a los “doctores de la ley” con la tarea de levantar los cargos por la simple razón de que no pueden condenar a un muerto.

¡Hipócritas! mataron a un hombre bueno al someterlo a un juicio injusto y cruel. Podrán ser aplaudidos aquí, pero en el horno donde seguramente nos vamos a encontrar todos más tarde o más temprano, no tendrán ya las prerrogativas de las que hoy gozan y deberán dar cuentas de esta muerte y del sufrimiento al que llevan a muchas personas en nombre de la INJUSTICIA.

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