

No es que todos los funcionarios que se apostan en la ruta lo hacen, pero un número importante constituyen las “coimisiones” que son habituales y obviamente resultan irritantes para los turistas que visitan la región.
Lamentablemente, son un mal difícil de erradicar y es cierto que ahuyentan el turismo que lo menos que desea es ser parado cada 50 kilómetros para que le pidan hasta lo imposible con tal de hacerle “la boleta” y el sistema está tan extendido y hasta consentido que parece difícil ponerle el cascabel al gato.
De hecho, tales actitudes deben ser consensuadas entre turismo de la Provincia junto a la Policía de Entre Ríos para evitar el excesivo “control” de documentación de los vehículos en las rutas de la provincia, es más, los controles se deberían hacer saltuariamente y parar aquellos vehículos que circulan a excesiva velocidad o haciendo maniobras que ponen en peligro sus vidas y las de los demás que transitan por la ruta pero hacer formar largas colas con el exclusivo fin de “vacunar” a los turistas con alguna multa es matar la gallina de los huevos de oro.
No debería funcionar ningún organismo del Estado como si fuera totalmente autónomo y en la Policía ocurre que cada división opera a través de una jefatura donde las demás no tienen injerencia, así funcionan: toxicología, tránsito o caminera, abigeato y otras que no están sujetas al control de las departamentales de Policía sino al comando de su propia especialidad en la fuerza.
De tal modo que los ciudadanos no pueden presentar quejas ante las Departamentales de Policía porque los jefes locales no tienen competencia sobre funcionarios que dependen de otras Jefaturas y esto permite que ocurra estas sobre exigencias que conspiran en contra del turismo y que causan justificadas quejas de los empresarios que esperan los clientes tras la larga pandemia.
Otra solución podría ser la de hacer una oblea para el primer control policial lo pegue y ese vehículo no sea vuelto a revisar cada 30 o 50 kilómetros pues ya le pidieron todo y volver a solicitárselo es verdaderamente molesto.
La actitud policial debe ser de servicio y estar a la vera del camino para brindar seguridad, asistencia y ayuda al turista y no para someterlo a estrictos controles con fines recaudatorios a través de multas.
Tal vez, nos contentamos con los niveles de ingresos de turistas y batimos palmas cuando se anuncian altos índices de ocupación en cada una de las ciudades entrerrianas, hay que profundizar más, quitando lo que molesta y ampliando lo que significa asistencia y ayuda al visitante para que los turistas cuando vean un policía sepan que están “cuidados” y no que son clientes a “esquilmar”, en eso que parece intrascendente, es muy importante a la hora de cuidar a la gallina de los huevos de oro. Lo demás, a su tiempo.



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