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HACER LA FIESTA

Editorial 06/10/2021 Por Editor
Nos perdemos la fiesta del carnaval de Concordia por las razones que las comparsas han explicado y que nadie más que sus propios dirigentes saben lo que cuesta montar un espectáculo de la calidad con que se venía desarrollando estos últimos años que posicionó a nuestro carnaval como “el más pasional del país” y por lejos uno de los mejores.

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CARNAVAL CONCORDIA

Es una lástima porque el carnaval actúa como válvula de escape para las tensiones que todos, unos más y otros menos, hemos venido soportando como daño colateral de la Pandemia.

Por otro lado, estaba bueno festejar que dentro de todas las pálidas sobrevivimos, y no es poco, cuando hemos visto a amigos, vecinos y familiares ser llevados por las parcas del coronavirus; créame, es un buen motivo festejar seguir viviendo.

El carnaval iguala al pobre con el rico, no existen diferencia sociales ni económicas, por esas noches nos olvidamos de casi todo y festejamos justamente la alegría de simplemente vivir, dejando a un lado los pesares que se fueron acumulando tras esta larguísima y complicada Pandemia.

Son días en que se reducen los delitos, que aflora el amor y renace la pasión como que las estadísticas afirman que el mayor número de alumbramientos se producen a los 9 meses del carnaval, consecuencia de que hubo más amor.

 En ese punto, no parece haberse estudiado hacer un “carnavalito” algo más pequeño que el acostumbrado que, seguramente volverá para la edición 2022, pero mientras tanto, como para calentar motores, aunque no sea para levantar vuelo, hubiera convenido achicarse pero no desaparecer.

Creo que sin conocer en detalle la situación de cada comparsa, hay en su núcleo de gente, el deseo de participar y no habría que cercenarlo con el “no salimos”, cambiándolo por “nos achicamos, pero salimos”.

Es, tal vez, la idea de quien no conoce los detalles organizativos, del tiempo que lleva preparar los vestidos, pegar las lentejuelas, preparar los carros y las demás cuestiones, además de los costos por las nubes de todo, pero igualmente, no hay que dejar morir el carnaval.

Hay que insuflarle vida, acción y garra para salir a demostrar la alegría de seguir vivos y darle música con el ritmo de las batucadas y la danza sobre el corsódromo y es mejor darle espectacularidad y mejorar año a año, pero también es bueno, si no se puede por el tiempo, achicarnos y participar, con menos carros, lentejuelas y brillo, pero festejando al fin y al cabo ya que lo podemos hacer, no solo desde nuestros hogares o mirando el carnaval de Río por la TV, sino desde nuestro corsódromo.

Ninguna dificultad económica puede no ser vencida y nunca mejor que ahora repetir el dicho: “si hay miseria que no se note”, olvidar por unos días los índices no nos hará menos pobres, pero seguramente más alegres y esta es la esencia del carnaval: transmitir alegrías.

¡Avanti, muchachos! No aflojen, ni bajen los brazos.

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