Gob er ola de cuidados

UTOPÍAS DE UN MÉDICO

Editorial 10/09/2021 Por Editor
Se apagarán, de a poco, los ecos de los discursos de campaña y retornaremos la normalidad de siempre, esperando que aquellos que accedan a los puestos por los que han estado recorrieron incansablemente los caminos de la provincia, cumplan lo que han prometido, para mejorar la calidad de vida de todos.
ETOPÍAS DE UN MÉDICO

Hemos escuchado de todo y a todos. Algunos más y a otros menos, porque ya sabemos lo que dicen y piensan, pero también lo que no hacen, entonces nos hemos negado a prestar oídos a los mentirosos y los hemos metido a todos los que no han cumplido en el mismo lugar, aunque –hay algunas excepciones- entre aquellos que han prometido, pero por diversas circunstancias, no han podido cumplir, los hemos condenado igual a la oscuridad de la bolsa porque no han dicho por qué no pudieron cumplir lo que habían prometido.

En ese pensamiento, se me ocurrió ayer cuando veía la entrega a Dino del cuadro que el pueblo de Concordia le entregaba como “ciudadano destacado de nuestra comunidad” que tipos como él, podrían ser útiles para dirigir una ciudad, una provincia o un país, pero mis pensamiento me decían que perderíamos un buen médico y conseguiríamos un político que podría ser mediocre.

¿Por qué? Zapatero a tus zapatos. Si pusiéramos a un político a hacer el magistral trabajo que hace Dino, podría poner en peligro la vida de un paciente porque no sabe hacerlo, salvo que -por la labia que tiene el político- lo convenza al enfermo que no se debe morir porque lo espera la felicidad dentro de poco y no debe irse al cielo para ello, sino que después del domingo, tendrá felicidad aquí en la tierra porque para eso está el político que va a bregar por su salud, la de su familia y la de todos los ciudadanos que conformamos esta sociedad.

Y si, por el contrario, le sacamos el bisturí y demás herramientas con las que Dino, hace su trabajo de médico, se le puede morir el paciente, porque él actúa sobre una ciencia que requiere de otra técnica: la de la verosimilitud. Si hay algo que sacar, saca, no lo deja para que siga infectando el cuerpo del enfermo y sabe que conversando puede curar el alma, pero que el cuerpo necesita de técnicas más concretas y certeras.

La política no es una ciencia exacta, sino una utopía; aquel sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía, como lo pensó Tomás Moro en el siglo XVI, aunque para desarrollar la idea debió pensar en una isla desconocida en la que se llevaría a cabo la organización ideal de la sociedad, tal vez, porque las ciudades como se conocían ya estaban contaminadas por el virus de los permanentes conflictos y la incordia.

La medicina tiene diversas vertientes, pero solo la sicología se encarga de analizar el proceso cognitivo, afectivo y conductual de los pacientes, con enfermedades cuyos síntomas son mentales, emocionales o de comportamiento, que pueden tener o no una causa biológica reconocible.

El político debe reconocer “a vuelo de pájaro”, lo que ocurre en la sociedad, pero no para operar a nivel individual, sino a nivel colectivo. Debe saber captar el especial momento en que vive la sociedad para orientar el proceso que más se adapte a las necesidades de la gente, a cuyo conjunto debe SERVIR.

Dejemos a Dino curar y a los políticos vendernos la ilusión de ese mundo mejor por el que nos juran y perjuran que están trabajando para que podamos gozarlo aquí, en este valle de lágrimas, porque después de esta vida terrenal, ya actúan otros más espirituosos.

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