
UTOPÍAS DE UN MÉDICO
Editor
Hemos escuchado de todo y a todos. Algunos más y a otros menos, porque ya sabemos lo que dicen y piensan, pero también lo que no hacen, entonces nos hemos negado a prestar oídos a los mentirosos y los hemos metido a todos los que no han cumplido en el mismo lugar, aunque –hay algunas excepciones- entre aquellos que han prometido, pero por diversas circunstancias, no han podido cumplir, los hemos condenado igual a la oscuridad de la bolsa porque no han dicho por qué no pudieron cumplir lo que habían prometido.
En ese pensamiento, se me ocurrió ayer cuando veía la entrega a Dino del cuadro que el pueblo de Concordia le entregaba como “ciudadano destacado de nuestra comunidad” que tipos como él, podrían ser útiles para dirigir una ciudad, una provincia o un país, pero mis pensamiento me decían que perderíamos un buen médico y conseguiríamos un político que podría ser mediocre.
¿Por qué? Zapatero a tus zapatos. Si pusiéramos a un político a hacer el magistral trabajo que hace Dino, podría poner en peligro la vida de un paciente porque no sabe hacerlo, salvo que -por la labia que tiene el político- lo convenza al enfermo que no se debe morir porque lo espera la felicidad dentro de poco y no debe irse al cielo para ello, sino que después del domingo, tendrá felicidad aquí en la tierra porque para eso está el político que va a bregar por su salud, la de su familia y la de todos los ciudadanos que conformamos esta sociedad.
Y si, por el contrario, le sacamos el bisturí y demás herramientas con las que Dino, hace su trabajo de médico, se le puede morir el paciente, porque él actúa sobre una ciencia que requiere de otra técnica: la de la verosimilitud. Si hay algo que sacar, saca, no lo deja para que siga infectando el cuerpo del enfermo y sabe que conversando puede curar el alma, pero que el cuerpo necesita de técnicas más concretas y certeras.
La política no es una ciencia exacta, sino una utopía; aquel sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía, como lo pensó Tomás Moro en el siglo XVI, aunque para desarrollar la idea debió pensar en una isla desconocida en la que se llevaría a cabo la organización ideal de la sociedad, tal vez, porque las ciudades como se conocían ya estaban contaminadas por el virus de los permanentes conflictos y la incordia.
La medicina tiene diversas vertientes, pero solo la sicología se encarga de analizar el proceso cognitivo, afectivo y conductual de los pacientes, con enfermedades cuyos síntomas son mentales, emocionales o de comportamiento, que pueden tener o no una causa biológica reconocible.
El político debe reconocer “a vuelo de pájaro”, lo que ocurre en la sociedad, pero no para operar a nivel individual, sino a nivel colectivo. Debe saber captar el especial momento en que vive la sociedad para orientar el proceso que más se adapte a las necesidades de la gente, a cuyo conjunto debe SERVIR.
Dejemos a Dino curar y a los políticos vendernos la ilusión de ese mundo mejor por el que nos juran y perjuran que están trabajando para que podamos gozarlo aquí, en este valle de lágrimas, porque después de esta vida terrenal, ya actúan otros más espirituosos.



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