Y se murió nomás “Miguelito”

El 19 de noviembre de 2009 me había enviado una nota, escrita de su puño y letra, en la que participaba su propia muerte. Quince años después, su esquela se hizo cierta.

Editorial 11/06/2024 TABANO SC
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Ante lo insólito de su mensaje, lo publiqué en EL SOL, con un título “el día en que Miguel Segovia se mató” y reproduje el aviso. Miguel, se enojó y una amistad de más de treinta años, se hizo trizas en un día.

 “Eugene”, mi nombre de pila para él por mi bisabuelo francés, pasó a ser un “enemigo” para Miguel, que no entendió la devolución de un aviso bizarro, con una nota de color. Creyó ver lo que no había.

Lo había conocido cerca de 1977, como un integrante de las Juventudes Comunistas que tomaba clases y se reunían durante varios días en diferentes lugares de Entre Ríos junto a Esteban Verliac y otros componentes del PC setentista. Años después Miguel asumiría como Secretario General del comunismo en Concordia.

Me había contado su vida, desde que llegó de La Paz, trasladado de un hogar de menores al Juan XXIII, su infancia había sido más que dura porque decía que no conoció a sus padres y había sido criado por “los gitanos” (sic), lo que no era comprobable. 

Lo cierto es que Miguel ocupó un lugar importante en el movimiento social y políticos de los años pre y post democracia. Se insertó en el Movimiento de Inundados y llevaba la voz cantante de quienes requerían soluciones habitacionales, su voz fuerte y sus intervenciones eran audaces y chispeantes.Llegó a comprometerlo al presidente Menem por la construcción de 1.000 viviendas para Concordia, lo que recuerda Alanis en la página 3 de esta edición.

 Tras estar sofocados por los años de plomo, su discurso era la voz de los que no la tenían y fue reconocido como uno de los personajes con mayor inserción en ese sector desprotegido de la ciudad inundados, carentes y deposeídos, los “naides” que Miguel visualizaba y representaba de una y otra manera, política y socialmente, mangueando “un poncho para los ancianos”, creando una línea interna y presentándose en la primera línea de los reclamos sociales. 

Jorge Busti, lo captó para hacer de “puente” del peronismo con las clases más marginales y se hizo su amigo, más allá de la política, Jorge fue siempre la persona a la que Miguel acudía “in extremis”, ante algún desbarajuste, uno de éstos ocurrió cuando se cansó de esperar en la antesala que lo recibiera el Pato Urribarri, Ministro de Gobierno, la emprendió a trompadas contra los vidrios de la puerta, cortándose y obligando a la intervención de la Guardia de Casa de Gobierno, quienes llamaron una ambulancia y cuando era trasladado a un hospital, se tiró en marcha y se dirigió a la casa de Jorge en Paraná, todo ensangrentado, siendo recibido por Patricio y cobijado luego por Busti quien lo devolvió a Concordia en un auto de su custodia.

 “Mirá Miguel al único que respeta es a vos, hay que hacerlo atender por un buen médico, está pasado de rosca” y me informaba de una clínica en Córdoba que trataba problemas de adicciones. Marché a verlo a Miguel en su departamento enfrente al hospital Heras. “No, al único lugar que voy a ir es a Cuba”. Trasladé ese pedido a JPB y a los pocos días, me pidió que le saque pasaporte para viajar a La Habana, por lo que fuimos a hacerlo a Buenos Aires. Tiempo después, me enteré que ya había volado y que estaba siendo atendido en una clínica especializada de tiempo completo para tratar adicciones de Cuba. 

Jorge, me contó que solo estuvo dos días en la Clínica y se fue, no volvió más y se presentó ante el Embajador Taleb a pedir que le de un lugar en la embajada argentina, este no accedió pero le ofreció unos pesos cubanos para que se consiga un lugar donde pernoctar. Miguel terminó en “La Bodeguita” un bar emblemático de La Habana, donde -dijo- “conocí a una negra hermosa, estoy en su casa”, decía en el único llamado telefónico que pudo hacer desde la Embajada.

Su idea de viajar a La Habana tenía un trasfondo político y emotivo, quería conocer a Fidel Castro, pero no lo logró, cedió a los encantos de la rumba y se perdió en las noches de música, canto y alegría de “La Bodeguita”. Sin embargo, cuando un ciclón se acercaba a la isla y Castro llamó a prepararse con las Brigadas Populares, Miguel formó parte de ellas, demostrando que su espíritu seguía teniendo el compromiso social de siempre, en Concordia o en La Habana.

La vuelta de Cuba, no estuvo exenta de otra anécdota, subió pasado de copas al avión de Cubana de Aviación y cuando empezaba a carretear se paró ante un problema con un pasajero, intervino el ruso Allende quien habló con la tripulación y les explicó que Miguel era “un personaje” y logró pasarlo a primera clase y comprometerlo que se “portaría bien”, mientras Miguel aprovechó para probar el ron que toman los viajeros de la clase especial, lo que luego celebraría a las risotadas.

En tantos años de amistad, estuve junto a él en momentos dramáticos como cuando llegábamos de un viaje juntos a Paraná y nos informaban de que el “Choco” su hijo, había muerto ahogado en el Lavadero de Jaulas, de la parte sur de la Costanera. Lo acompañé hasta la Prefectura y presencié la terrible imagen del abrazo con su hijo, depositado inerte tras una camioneta y su doloroso grito, llamándolo, como queriéndolo revivir.

Hubo numerosas anécdotas más felices, porque no todas fueron tan dramáticas, ni funestas, Miguel siempre viviendo “al palo”, no dejaba botón por apretar, ni político a quien reclamar algo. Muchas veces, lo lograba y otras no, pero su compromiso estuvo siempre vigente y si falló en algo, no fue porque quiso, sino porque  las propias e intricadas circunstancias de la vida, se lo impidieron. Sus hijas, ayer en su velorio, me dijeron que su última voluntad fue que sus cenizas fueras esparcidas en el Lavadero de Jaulas, donde murió el “Choco”, lo que hicieron en la tarde de ayer.

Seguramente, su alma, deberá andar pidiéndole a Jorge que le haga “gancho” con el barbudo que tiene las llaves del Cielo, para ingresar a las verdes praderas, aunque Miguel siempre se las ha arreglado donde y cómo se encuentra para pasarla bien.Que así sea. Q.E.P.D. y hasta pronto.

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