
A lamer las heridas

El modelo que nos gobierna, se había agotado, no en su doctrina, sino en los hombres que llegaron a los cargos públicos y vaciaron de contenido las banderas de justicia social, Independencia Económica y Soberanía Política.
Salvo honrosas excepciones, el justicialismo en el poder, careció de imaginación y audacia para ser revolucionario y se convirtió en una cáscara sin contenido, gobernado por técnicos y ninguneadores de toda idea, salvo la de “hacer la plancha” para ordenar después que corran a tapar huecos para que el barco no se vaya a pique.
No resultaron tampoco los planes “platita”, “bonito”, ni las últimas maniobras tomadas “in extremis” para hacer una demostración de lo que importa el pueblo -a la hora de votar-.
No todo fue horrible, ni malo, hubo buenas acciones y algunos funcionarios se jugaron el alma y vida por la gente, pero no fue suficiente.
La voluntad popular decidió que era necesario cambiar y ahora nos estamos dando cuenta que el cambio puede llegar a ser parte de lo mismo que vivimos antes del presidente Alberto Fernández, es decir el macrismo, asociado a los libertarios, serán quienes vuelvan a gobernar el país desde el 10 de diciembre.
Estamos en presencia de un movimiento colectivo que buscará introducir modificaciones de fondo en la estructura social, política y económica con la justificación filosófica del “libre mercado” y que este lo regulará todo, desde la educación pública, los bancos, el dólar, la libre importación y exportación de productos, la salud y la vida de los argentinos. No estamos acostumbrados a esto, habrá que recalcular la mente para absorber los cambios que promete el presidente electo.
Cuando el justicialismo perdió la capacidad de ser revolucionario y se convirtió en un partido de burócratas alguien ocupó el lugar que el pueblo necesita en un ideario histórico de hombres de convicciones y dispuestos a jugarse. Claro, antes se hacía a lanza y espada, ahora con motosierras de cartón.
Pese a todo, hay que darles la oportunidad de hacer lo que prometieron, facilitarles el camino a que sus planes puedan ponerse en marcha, sin palos en el camino, ni piquetes en las calles, mientras se lamen las heridas, invitamos a los que dejarán de ser funcionarios a ser simples observadores de lo que se viene, si todo funciona como los libertarios lo ponen en la vidriera, habrá que aplaudirlos y felicitarlos, si en cambio, los planes significan dolor y más hambre, siempre tendrán la oportunidad de levantar las banderas que arriaron en sus cómodos sillones e intentar recuperar el Poder dentro de cuatro años.
Pero si lo intentan, deberán poner como norte, que la revolución está inconclusa y que la congelaron por acomodaticios y traer al pueblo ideas nuevas, trascendentes, que importen retomar las banderas que arriaron estos años y traigan la fuerza de la sangre nueva y revolucionaria de los jóvenes y la experiencia de los más grandes, mientras tanto….a la cucha.



El statu quo del Justicialismo: Un editorial sobre la actualidad del principal partido de la oposición.




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