

Hace años, había escrito un editorial sobre la buena vaca lechera que es el Estado pues nadie quiere dejar de succionar sus tetas pero después comprendí que es un trabajo que alguien debe hacerlo y también que hay cargos políticos que verdaderamente son una carga pública.
¿Quién quiere ser intendente de Concordia, por ejemplo? Esta es una ciudad difícil que puede volverse ingobernable en pocos años. Tenemos la ventaja de que una inmensa mayoría de nuestra gente es buena, hay otros que están anestesiados mientras cobren planes y subsidios pero existe un pequeño porcentaje que se ha dado a las males artes de organizar venta de drogas en los kiosquitos del narcomenudeo y se van extendiendo, formando redes de drogones asaltantes y captando a jóvenes como “soldaditos”. Cuando terminen de organizarse y cuenten con verdadero poder de fuego vamos a convertirnos en una peor copia de Rosario.
¿Cómo puede un simple intendente de una de las ciudades más pobres del país ofrecernos cambiar esta realidad? ¿Qué resortes maneja para vencer la pobreza, mejorar las condiciones de vida de nuestra gente y permitirnos soñar con tener un futuro mejor?
Una cosa es administrar la pobreza, que es lo que se está haciendo, con sumo cuidado para no dar un paso en falso y otra muy distinta gobernar para crecer.
Ayer conversaba telefónicamente con un amigo quien me comentaba que un prestigioso periodista porteño lo había llamado para conversar de política y en esa conversación, dijo que “ustedes son horribles” (antes a los “peronistas” se nos decía “incorregibles”) ,tras cartón, lanzó “y la oposición es espantosa” con lo que se sellaba un panorama desalentador en lo que nos espera como sociedad y Estado.
Si Concordia puede mantener el poder en Paraná de la mano de un gobernador de aquí es la única posibilidad de no empeorar nuestra frágil situación que muchas veces no ven los que están ocupados en administrar.
Es difícil, nadie quiere ejercitar el “vuelo” de pájaro para ver desde arriba lo que sucede realmente y los datos que llegan a los oídos de los que gobiernan son de los alcahuetes de turno, interesados en hacer saber que “todo va bien”, “espectacular” o “extraordinario”.
Quien haya vivido en la etapa que Orduna era intendente y Montiel gobernador, debe recordar lo difícil -por no decir espantoso- que resultó esa incordia. Para no alentar el pesimismo general, sino por el contrario, generar una esperanza, esperemos que los que están a punto de largarse más que sus deseos de ganar la carrera nos digan antes que van a hacer si ganan. Si bien la política es el arte de ilusionar a la gente, que nos muestren una plataforma y que luego la hagamos valer, y al que no la cumpla, salvo otra pandemia, hacha y tiza.



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