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Europa reconoce la energía nuclear como verde al menos hasta 2045

Ante la crisis económica derivada de la pandemia, Europa busca imponer fuentes de energía que, aunque libres de CO2, distan mucho de ser limpias.

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Energía nuclear

“La nuclear se está volviendo a poner de moda, desde luego”, confirma por teléfono Carolina Anhert, catedrática emérita de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid. “Hay que buscar un complemento a las renovables, y la disyuntiva es entre el carbón, el gas o la nuclear”.

A pesar del interés europeo de descarbonizar la producción energética, uno de los mejores indicadores del creciente interés por la energía atómica es el precio del uranio. Tras años de depresión, y al calor de los nuevos planes de instalación de reactores, el valor de este elemento está hoy en máximos de casi una década. Aunque aún a años luz de su pico de 2007 —cuando más que triplicaba los valores actuales—, ya está claramente por encima de la media histórica.

Pocos analistas supieron anticiparse al brutal encarecimiento del gas y del carbón derivada de la pandemia, menos aún, que la nuclear iba a regresar con fuerza al centro del tablero energético tras más de una década de declive en Europa, la transcurrida desde el accidente de Fukushima.

Ante tal desoladora situación económica, el último día del año 2021, la Comisión Europea puso en circulación su propuesta para modificar la clasificación de las energías verdes a efectos de atraer inversores e incluir en ella la energía nuclear y el gas natural. El proyecto legal de Bruselas, un texto de 60 páginas, otorga el reconocimiento de verde a las centrales nucleares que ya están en marcha y a las que se construyan al menos hasta 2045. Las plantas de generación de electricidad con gas también gozarán del mismo reconocimiento al menos hasta 2030.

La propuesta, previsiblemente muy polémica, modifica la clasificación de las citadas fuentes de energía. Al día de hoy, nuclear y gas son clasificadas en la segunda categoría de la taxonomía, es decir, entre las que son bajas en emisiones de carbono y para las que de momento no hay una alternativa disponible.

La clasificación europea, pionera en el mundo, establece los criterios que debe cumplir una fuente de energía para ser considerada como verde, con el objetivo de orientar la inversión financiera hacia esos proyectos. La captación de esa financiación será vital para descarbonizar la producción energética y cumplir el objetivo de reducir a cero las emisiones en 2050, fijado en el Pacto Verde de la UE. 

La Comisión aprobó en abril de 2021 el primer acto delegado sobre la base del reglamento de la taxonomía, y en ese texto se dejó fuera a la energía nuclear y al gas. A lo largo del año pasado, sin embargo, se desató una agria batalla entre los países partidarios de incluir a la energía nuclear en la taxonomía, liderados por Francia, y los que abogaban por incorporar el gas, con Alemania al frente. 

El texto fija los criterios técnicos que deberán cumplir las centrales nucleares para ser aceptadas como verdes. Y dado el largo plazo con que se gestiona la inversión en ese sector, se ofrece la etiqueta de verde a las centrales cuyo permiso de construcción se expida antes de 2045.

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