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"Más dura será la caída": ¿Cómo es el western con Idris Elba que es lo más visto de Netflix?

Show 08/11/2021 Por Editor
Una de cowboys que toma cosas del cine clásico y de Quentin Tarantino es una novedosa forma de acercarse a un género tradicional.

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El primer chiste de Locura en el oeste, la parodia a los westerns que Mel Brooks estrenó en 1974, era que Bart, su héroe vaquero, era negro. La película está llena de chistes autorreferenciales del cine y ese es uno de los muy buenos: era tan extraño ver a un afroamericano al frente de una de cowboys que la incomodidad generaba un paso de comedia.

Dos años antes se había estrenado Odio en las praderas que tenía a Sidney Poitier (quien también dirigía) y Harry Belafonte, en una misión para liberar los esclavos de unos blancos villanísimos.

Pero ante esa escasísima excepción la presencia afroestadounidense en el cine del lejano oeste se limitaba a Woody Strode, el fortachón secundario de las películas de John Ford. Muchos de sus papeles podrían ser vistos, desde el ahora, como algo insultantes (el servil Pompeyo de Un tiro en la noche) pero Ford alcanzó a reivindicar su figura en El capitán búfalo, una de sus obras menores en la que Strode interpretaba a un exsoldado y exesclavo que era acusado, sin mayores fundamentos, de haber violado y asesinado a una muchacha.

Todo este recuento es por Más dura será la caída, el western que ayer era lo primero más visto en Netflix en Argentina y que cuenta una de cowboys tradicional (aunque más violenta) en la que los personajes son afroamericanos. La película, dirigida por Jeymes Samuel (quien también hizo la música y escribió el guion con Boaz Yakin), no hace mención a esa particularidad sino que es parte de su universo narrativo.

La película se abre con una inscripción: “Aunque los hechos de esta película son ficticios, esta gente existió”, y la aclaración es necesaria por ese desdén del que hablábamos hace un ratito de Hollywood hacia los cowboys de color. Y el eufemismo es válido porque alcanza a todas las minorías.

Más dura será la caída sigue el enfrentamiento de dos bandas de forajidos, la de Nat Love (Jonathan Majors) y la de Rufus Buck (Idris Elba), que bien podría llamarse la banda de Trudy Smith, ese poder en las sombras que interpreta, con brío, Regina King. También tiene en su entorno a Cherokee Bill (LaKeith Stanfield), gran nombre para la pistola más rápida del oeste.

El feudo entre Love y Buck es de larga data y quizás pueda explicarse porque el último le mató a los padres en la propia cara a Love, para después proceder a marcarlo con una cruz en la frente. Era para vérselo venir cuando ya de grande el nene reclamara venganza.

Love y los suyos (a quienes luego se sumará un sheriff interpretado por Delroy Lindo) se encargan de la poca digna tarea de robarle a los ladrones de banco, una modalidad que más que 100 años de perdón trae la bronca de Buck, quien acaba de conseguir un indulto que lo liberó de su cadena perpetua. El enfrentamiento es inevitable y más cuando secuestran al interés romántico —valga la redundancia— de Love, la peligrosa Stagecoach Mary (Zazie Beetz).

La historia está plagada de todo lo que indica el protocolo: hay un pueblo perdido, autoridades corruptas, un par de saloons y duelos al sol. Son mostrados con un esteticismo que alude tanto a Sam Peckimpah como a Quentin Tarantino, quien es una referencia muy directa.

De hecho, lo que hace Samuel es sumar a Tarantino a su propio sincretismo: acá está Sergio Leone (o Corbucci), claro, entre referencias más ortodoxas y un gusto por la violencia sangrienta que en su exageración algunos podrán ver parodia.

La fotografía de Mihai Malaimare Jr. (el de The Master de Paul Thomas Anderson, casi nada) va por hacerse notar y vaya si lo logra: es una maravilla con encuadres como el de Regina King a caballo deteniendo un tren. Hay más de esos.

La banda de sonido utiliza, anacrónicamente, reggae, hip hop, Jay Z, Seal o Kid Cudy, dando un toque moderno y eterno a su historia. El propio Samuels, que también es músico, se encarga de parte de la música que tiene una relevancia que probablemente también venga de Tarantino.


Acá no está Alan Ladd, aquel héroe rubio, y aunque hay quienes puedan hallar incómodas algunas libertades que se toma, Más dura será la caída está actualizando y con talento, un género que hemos dado por muerto hace muchos años.

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