
El matrimonio argentino que dio la vuelta al mundo dos veces en su avión monomotor: 261 días, 481 horas de vuelo y 106.711 kilómetros
TABANO SCRecién llegado a tierra firme, el matrimonio argentino charló con Clarín. Desde su casa en Mar del Plata relataron las experiencias de su segunda vuelta al mundo a bordo de su avión monomotor, un Mooney M20J modelo 1978.
"Claudio es el piloto y yo sería la azafata", expresa Betina, ingeniera agrónoma de profesión, actualmente jubilada. Desde el asiento de copiloto se encarga de los snacks para el vuelo, ceba los infaltables mates y hace gran parte del registro audiovisual que se puede ver en su galería de Instagram y su canal de YouTube (siempre bajo el usuario @Aventurerosdelaire).
En Guatemala conocieron las ruinas del Tikal y les encantó. "Después en Panamá, que nunca habíamos visitado, fuimos al canal y pudimos ver el paso de un buque", relatan.
"Conocimos diferentes lugares del mundo, hicimos amistad con distintas personas, atravesadas por sus historias particulares, pero lo maravilloso es que todas tienen las mismas incertidumbres", reflexiona Claudio.
"Es como el agua, en la superficie por ahí hay diferencias, pero en el fondo todos tenemos los mismos anhelos, las mismas inquietudes, miedos y preocupaciones.
El ser humano es muy parecido en los defectos, las virtudes, anhelos de felicidad, de progresar, y lo más hermoso es conocer las historias detrás de cada persona.
Conocimos diferentes lugares del mundo, hicimos amistad con personas atravesadas por sus historias particulares, pero lo maravilloso es que todas comparten las mismas incertidumbres
"Conocimos gente muy buena, solidaria, sensibilizada por el tipo de viaje que estábamos haciendo, que veníamos de la Argentina, y la camaradería aeronáutica es hermosa, siempre nos han ayudado, recibido, asesorado", agradecen.
El percance en Rusia
En esta segunda vuelta al mundo, a diferencia de la anterior, tuvieron acceso a internet vía Starlink. "Pudimos hacer videollamadas con nuestra familia, escuchar música y sobre todo nos facilitó mucho chequear la meteorología en tiempo real, lo que nos dio bastante tranquilidad", comenta la copiloto.
"Si bien pasamos algunos momentos difíciles por riesgo de engelamiento, lo resolvimos con las herramientas que teníamos", detallan. Otro de los inconvenientes que sortearon ocurrió mientras sobrevolaban Rusia.
"No teníamos internet porque cortan todo por la guerra. Incluso nos quedamos sin GPS en varios lugares donde cancelan la señal, pero volamos con radioayuda y los controladores aéreos rusos son muy colaboradores", manifiestan.
"El único momento un tanto intimidatorio fue a la salida de Rusia en los controles migratorios del aeropuerto militar, donde tuvimos un pequeño interrogatorio con un agente de seguridad ruso que nos preguntó por qué habíamos vuelto por segunda vez", revelan.
"La peor parte de estos viajes es pedir los permisos, la burocracia cada vez que llegás, pero estamos con un poco más de paciencia, sobre todo yo, que la pierdo fácilmente", dice Claudio.
Esta vez incluso les pidieron sus celulares y sus claves, ingresaron a su galería de fotos y comprobaron la naturaleza social del proyecto de Aventureros del Aire. Tras dos horas de espera, pudieron avanzar y se prepararon para volar a Alaska, pero la meteorología no acompañaba.
"Tuvimos que pasar un cordón montañoso y nos agarró hielo en las alas, ahí estuvimos preocupados. Pasamos esa zozobra y aterrizamos en Anchorage", rememoran.
No tenían a dónde ir a dormir, así que descansaron en los bancos del aeropuerto. "Betina tiene un reloj interno que te marca el estrés y estaba al límite", dice Claudio con humor.
Cuando el mal clima pasó fueron a conocer dos ciudades, Homer y Sitka, donde recuperaron fuerzas para volver al avión. Ya en la etapa final del viaje, llegaron a Ecuador, donde los recibieron varios pilotos ecuatorianos.
"Fuimos a una cena todos juntos y uno de ellos cuando escuchó que Claudio había comprado su avión a los 60 años no lo podía creer", explica Betina.
"La gente piensa que después de los 60 ya no puede encarar ningún proyecto, como que la vida ya está, que se llega a una edad donde solo hay que sentarse a contemplar y nosotros a aquellos que tienen tareas pendientes siempre les decimos: ¿por qué no intentar?", aseguran.
A veces han dado charlas a jóvenes que están estudiando para ser pilotos, a punto de obtener sus licencias. "Nos escuchan y dicen: 'Me encantaría hacer lo que están haciendo ustedes', y Claudio siempre les dice: 'Bueno, tenés un montón de tiempo para aprender, ahorrar, para todo'", explica.
"Siempre tratamos de desmitificar nuestras travesías. Hay mucha gente que vuela y conocemos personas que han dado la vuelta al mundo solamente con sponsors, sin haber puesto dinero, porque no lo tenían", expresan.
Aunque en sus redes a veces llegan comentarios negativos, aseguran que la mayoría son positivos. "Lo negativo suele ser por desconocimiento o por prejuicio, pero realmente nos llenan de mensajes lindos: nos dicen mucho que viajan con nosotros y nosotros también lo sentimos así, es como que estamos acompañados por todos los que nos siguen en cada viaje", garantizan.
Al relatar su experiencia abren una ventana al mundo también a lugares menos promocionados o menos conocidos. "Los amigos que vamos haciendo nos transmiten el amor por sus lugares con mucho corazón, comidas caseras y algunos hasta se aprenden frases en español para recibirnos", cuentan emocionados.
Al sumar las cifras de las dos travesías del matrimonio, las cifras hablan por sí solas: 261 días, 481 horas de vuelo y 106.711 kilómetros. A modo de referencia, esas 481 horas equivalen a unos 20 días completos en el aire.
"A nosotros este proyecto nos mantiene activos, nos ayuda mucho como matrimonio también, porque tenemos algo en común y seguimos creciendo juntos como equipo", sintetizan.
Son tantas las vivencias que acumularon que surge otro sueño: escribir un libro que las compile. "Nos está costando porque ninguno de los dos somos escritores, pero lo vemos como un legado para nuestros hijos y nietos, el poder dejarles algo escrito de toda esta experiencia", proyectan.
Esta segunda vuelta los dejó con la certeza de que la vida es primordialmente un conjunto de vínculos: conocidos que se convirtieron en amigos; desconocidos que los admiraron a la distancia; colegas que entendían a la perfección las motivaciones de su travesía; un hilo social que entrelaza nacionalidades, sueños y valores de vida.
"Lo que más nos dejaron estas dos vueltas al mundo son amistades muy lindas, que trascienden todo. No importa la lejanía geográfica, el idioma, la edad, la diferencia cultural, ya construimos recuerdos únicos que nos unen para siempre", expresan.
Tampoco descartan volver a surcar los cielos. "Esto es como un bichito que cada tanto rebrota", dice Betina entre risas. Claudio admite que ya empezó las diligencias para convencerla otra vez.
"Le propuse casamiento hace 36 años y me dijo que sí; le propuse dar la vuelta al mundo y aceptó; le propuse una segunda vuelta y lo logramos; yo no pierdo la fe", remata.
Betina confiesa que extraña los afectos y su casa cuando se van por tanto tiempo, pero deja la puerta entreabierta para la próxima aventura: "No creo que haya una tercera vuelta al mundo, pero sí algo más corto por el continente. No vamos a dejar de volar, queremos seguir con este proyecto que nos sigue sorprendiendo".


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