Gob er ola de cuidados

EFECTO "CONCORDIA"

Editorial 08/09/2021 Por Editor
Los memoriosos deben recordar que fue por estos pagos que iniciaron los cortes de rutas con el ex comandante “Chelo” y el ex subcomandante “Carlitos” quienes cortaron la ruta 14 a la altura del Yuquerí Chico. El corte duró poco porque, rápido de reflejos, Busti mandó un helicóptero policial con el entonces ministro de gobierno, Sergio Urribarri, a “conversar” con los piqueteros; traía un portafolios negro con ignoto contenido.
PIQUETE EN CONCORDIA

En el terreno, el jefe de la Gendarmería, por ese entonces, el comandante Buchanan, era un hombre tranquilo y enemigo de soluciones extremas como hubiera sido sacar a los piqueteros del puente a bastonazos.

El “Chelo” hacía su show, pero no tenía ninguna estrategia de tipo confrontativo. Hábil para el manejo de las relaciones públicas, cuando vio la llegada de un grupo de punteros políticos, se preocupó y les dijo a los suyos “gurises, esos que vienen no son de la Gendarmería, son gente de Busti y nos van a sacar del puente”, pero cuando se prendía la cámara para grabar sus palabras, cambiaba el discurso: “de aquí, no nos vamos, guerra… guerra”.

El “arreglo” vino de la mano de la política, y el hábil negociador voló de regreso a Paraná mientras el mismísimo jefe de la Gendarmería hacía subir a sus camiones a las dos docenas de piqueteros  y se liberó la ruta que estaba taponada de camiones y ómnibus.

Después la modalidad del corte de rutas mediante piquetes se generalizó a otras partes del país y alcanzó el climax en Buenos Aires donde se mantiene hasta ahora, pero con frecuentes enfrentamientos entre  fuerzas antimotines y los piqueteros que tienen ya establecidos los cortes en lapsos en que, antes que comience el cuerpo a cuerpo, desocupan la ruta y se restablece la circulación, sin confrontación alguna. 

En diciembre de 2001, la situación social era explosiva. La mayoría de los empleados públicos hacía tres meses que no cobraban y los jubilados no recibían sus haberes desde agosto. No había dinero en plaza y el Estado solamente emitía bonos federales, que eran aceptados en pocos supermercados. “Tenemos hambre”, repetía la gente en cada uno de los lugares a los que iba a pedir algo para comer. Mientras tanto, en vez de adelantar la entrega de bolsones de alimentos a los más necesitados, los funcionarios de Acción Social del gobierno de Sergio Montiel optaron por mantener los tiempos previstos y respetar el cronograma.

El estallido era previsible y la ciudad donde primero explotó fue Concordia, donde gobernaba el Vasco Orduna y se propagó de inmediato a Concepción del Uruguay, poco después se desvalijaban comercios en Paraná. Era diciembre de 2001, pocos días antes de una navidad que en ese marco de crisis social, política y económica, mostraba el peor escenario. Montiel, se negaba venir a Concordia y no atendía los llamados del intendente Orduna, quien quería advertirle “esto explota”, lo que finalmente ocurrió y se propagó por la provincia primero y por el país después.

La crisis se extendió a Buenos Aires, donde el 20 de diciembre el presidente De la Rúa salió en helicóptero de la casa rosada.

Al día siguiente  alcanzó su climax en Paraná, donde murió Eloísa Paniagua, de 13 años, como consecuencia de una bala calibre 9 milímetros que le atravesó la cabeza. Era el 21 de diciembre de 2001 y ese mismo día murió Romina Iturain, de 15 años, quien fue alcanzada por una bala perdida en la zona de WalMart. Allí la Policía reprimió duramente los intentos de saqueo, que se repitieron en buena parte de los supermercados de Paraná y la provincia.

Recién, el 31 de diciembre encontraron el cadáver de José Daniel Rodríguez, a quien se había visto por última vez en la revuelta del 20 de diciembre, cuando los vecinos intentaron ingresar al predio de WalMart, para obtener alimentos. El joven, de 25 años, apareció casi momificado en un pastizal del nuevo Parque Urquiza. 

En diciembre de 2013, se producía en Concordia un episodio inédito en el país, un motín policial que al dejar desprotegida la ciudad ocasionaron todo tipo de saqueos y tuvo un saldo luctuoso de tres muertos.

Por ser frescos los hechos, casi todos los conocemos, por lo que no es necesario relatarlos aquí.

A lo que voy es que el “efecto Concordia” existe y cuando se manifiesta es como el síntoma de una enfermedad que, si no es atendida a tiempo, ocasionará mayores problemas. Si bien no es resorte municipal, ni provincial los reclamos de los transportistas van a nivel nacional, los vasos comunicantes entre provincia y nación deben advertir que el efecto Concordia puede ocasionar que el “virus” de la protesta se extienda y si no hay respuesta las consecuencias pueden, ahora o dentro de algunas semanas, magnificarse en un escenario de mayor amplitud.

Alguna respuesta debería haber en horas, no en días, ni semanas, donde según los transportistas no ha habido ninguna comunicación ni ofrecimiento de una aspirina de parte de “los ministros”, como decían ayer los transportistas, que seguían esperando un llamado de Buenos Aires.

Que los demás cortes en la provincia se hayan levantado ayer, no significa que se haya liberado la Autovía Mesopotámica, columna vertebral de movimiento vial mesopotámico.

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