
Zafarrancho de combate

Concordia es un punto en el mapa, mal reconocida por ser la capital de la pobreza y la indigencia, la ciudad que se inunda a cada tanto y con alta conflictividad laboral con precios de energía altos e impuestos caros, lo que echa para atrás cualquier proyecto de inversión productiva.
Nuestras páginas y las de nuestros colegas, se inundan de información de robos, asaltos y otras malandanzas que supone que esa masa de indigencia hace lo que sea para no morirse de hambre, como vaticinaba el presidente, y existe, nadie puede negarlo, inseguridad pública a manos de delincuentes no organizados en grupos o mafias, salvo la de los narcos que tienen un nivel de organización vertical en clanes familiares.
La suma de los factores objetivos de inseguridad pública, conflictividad social y laboral, escasa capacitación de la mano de obra, energía cara, impuestos altos y una clase política que no asume la responsabilidad de la hora que nos toca vivir, deja a Concordia como el último orejón del tarro de posibilidades a quienes deberían elegir una ciudad donde asentar un una industria o un comercio, navegamos por mares siempre tempestuosos con la posibilidad de que nuestro barco se vaya a pique al ampliarse la grietas que hacen agua y nuestras fuerzas para el achique decaigan.
Esta situación, que no es nueva, viene sumando errores políticos, algunos porque se los ha elegido en lugares para los cuales no estaban formados a personas sin ideas y en otros casos, porque designamos personas carentes de audacia e imaginación, afectos a hacer “la plancha”, su paso por la función pública ha sido pagar los sueldos y nada más.
No es que hayan sido malos o buenos, sino que fueron inútiles, aunque ellos crean prestaron un inestimable servicio a quienes lo eligieron, la realidad, conforme a los resultados, demuestra su fracaso.
Si le sumamos las condiciones de la economía nacional y el gobierno unitario que tenemos las cosas se van a poner peor, esto metafóricamente significa que nuestro barco está haciendo agua y el capitán pide suban más marineros para tratar de contener el agua, haciendo más difícil la estabilidad por sobrepeso, nos vamos a pique.
Cuando estamos en una situación catastrófica podemos gritar “a los botes”, “las mujeres y los niños primero” o cambiar radicalmente el mensaje y tratar de establecer un “zafarrancho de combate”, para poner a todos en estado de máxima atención, tendiente a salvar al barco y a todos los viajamos en él.
No hay otra, que remar y pedir que el pánico no nos paralice, pidiendo a los elegidos que cumplan la misión que el pueblo les ha confiado y no sigan diciendo que le dieron un barco averiado y a punto de irse a pique.



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