Gob er ola de cuidados

OJO POR OJO

Editorial 21/08/2021 Por Editor
Siempre he defendido el derecho a la vida, incluso para aquellas personas que habían sido condenadas por crímenes aberrantes; y lo hice pensando en que la justicia no es una ciencia exacta y puede cometer errores.
OJO POR OJO

El caso más paradigmático es el de Jesús, condenado a morir en la cruz sin que hubiera cometido delito alguno y al que no le creyeron pese a que había hecho caminar a paralíticos y resucitar a los muertos. Poncio Pilatos se lavó las manos y el hijo de Dios fue crucificado.

Ahora, tenemos simultáneamente dos casos en nuestra ciudad de crímenes alevosos y de una gran hijaputez que al recordarlos nos revuelve las entrañas. 

Uno, el de la docente Teresita Galli, asesinada por el ahora confeso criminal Luis Castillo para que no lo reconociera después de haberle robado, pues la docente había sido su profesora.

El otro, el de Félix Batalla, el autor del disparo a Mariela Costen, asesinada de un tiro para robarle algo más de 100 pesos y por el cual este HDP (con perdón a su madre) se acogió a una medida para purgar su pena con catorce años de cárcel.

Seguramente, estoy más viejo y no creo que la cárcel sea la redención de estos pecadores, tampoco que los sufridos contribuyentes tengamos que pagarles su alimentación, salud y traslado de un lado a otro para cumplimentar con las disposiciones contenidas en los pactos internacionales de Derechos Humanos que la Argentina ha suscripto e incorporado a la Constitución Nacional. 

Dejo a salvo que la Justicia actúa dentro del marco de las herramientas que le dan los legisladores a través de las leyes y que, al menos, es auspicioso que se hayan descubierto los autores de ambos crímenes y que estén detenidos pero, queda en mi una insatisfacción que deseo exponerla como opinión, obviamente mi pensamiento no es vinculante para ninguno de los casos.

Antes, advierto al lector que mi opinión va en contra de los tratados internacionales y por lo tanto no es factible siquiera pensar que podría ser considerada como factible de ser implementada. Entonces, ¿para qué la expongo?  Como catarsis, ambas muertes han sido tan injustas que todos quedamos conmovidos por la HIJAPUTEZ de los asesinos. No había razón para matar a ninguna de las dos víctimas, una madre que volvía a su casa, asaltada para robarle 2 centavos y muerta por el disparo de un asesino que al momento de cargar su arma, sabía que podía cometer un crimen, y lo hizo, apretó el gatillo y mató. Ahora quiere pagar su deuda a razón de $ 10.- por año, pero insumirá millonarios gastos al Estado para tenerlo recluido en la UP3 y, principalmente, nadie devolverá la vida a Mariela. El otro caso, de parecida factura, el alumno que va a robarle a Teresita, su profesora y la mata, horroroso.

Estos reos, en ambos casos, han reconocido ser los asesinos y, sinceramente, no les alcanzará la vida para pagar sus crímenes, porque sus vidas no valen nada, son una lacra y deberían –si se pudiera- ser condenados a muerte.

Saldrán en unos años de la cárcel y volverán recargados a hacer lo que aprendieron, cebados, a matar por centavos o por gusto.

Me sumo, a los que piden la pena de muerte, no hay otra, hacha con los malvados.

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