Aberrantes y desgarradoras declaraciones de los familiares de la niña de 3 años abusada

Concordia 04/01/2023 Por Editor
[VIDEO]. Familiares de la niña abusada sexualmente hablaron sobre el hecho y, también, sobre el abuso físico y psicológico que ejercía Gómez tanto en contra de la menor, como de sus hermanos y la madre de las criaturas.
Familiares de la víctima de abuso sexual (2)

En la mañana de este miércoles, cronistas de diario EL SOL-Tele5 dialogaron con Rubén Salas y Claudia Pintos, abuelos de la niña abusada, además de otros familiares que brindaron su testimonio sobre lo ocurrido. Tanto la menor como sus hermanos y la misma madre, de acuerdo al testimonio de la familia, eran víctimas de violencia física y abuso psicológico.

“Estábamos reunidos en mi casa festejando el 31 a la noche”, comenzó diciendo Claudia Pintos, abuela de la menor abusada. “Esa noche apareció mi hija, que estaba juntada con ese hombre. Nos pareció extraño porque él no la dejaba salir a ningún lado”, contó la mujer, dejando entrever el terror a la que era sometida la familia.

Sobre esa noche, siguió: “Justo esa noche, mi hija vino con su hijo varón y con la nena más grande. La nena más chica, la de 3 años, quedó en su casa con el hombre. Él no la quería a esa nena”. “Mi hija nunca nos venía a saludar y nos pareció raro que justo esa noche viniera y dejara a la nena con ese hombre”, añadió.

“En el momento en el que ella vino a saludarme, el hombre quedó tomando bebidas en la casa y quedó con la nena de 3 años. Luego pasó lo que pasó”, dijo en referencia al abuso. “Pero hace rato que lo venía haciendo con la nena de 9 años”, aseveró.

La noche del 31

“Nos enteramos de lo ocurrido por un chico conocido que tomaba con él. Esa noche él vio lo que pasó”, contó la abuela de la menor. “El muchacho vio a la nena tirada arriba de un secarropas desangrándose y le avisó a mi yerno”, agregó. 

“El violador tenía un cuchillo y amenazaba a los dos nenes a que le aprontaran ropa en una mochila para poder irse, y no dejaba a nadie salir de la casa”, dijo también.

Posteriormente, tomó la palabra el padre del joven apuñalado, es decir, quien confrontó al abusador. “Ahí fue mi hijo y lo agarró a golpes al abusador. Pero no vio el cuchillo y ahí fue que mi hijo resultó apuñalado”. 

Violencia psicológica

“El hombre no nos permitía ir a la casa. Yo quería ir a estar con ellos a tomar mates y él no me dejaba, se enojaba. Incluso cuando él se iba a trabajar al monte, se comunicaba por mensajes con mi hija a través de un celular que él le compró a ella solamente para que le mandara mensajes a él; desde el trabajo la controlaba a mi hija”, relató Claudia.

Y continuó: “Desde el trabajo le preguntaba a mi hija qué estaba haciendo. Mi hija le decía que estaba conmigo, que la había ido a ayudar a limpiar, a lo que él respondía ‘ya me estás sacando el cuero con la vieja culebra’, porque él se refería a mí de esa forma”. “Así que yo la ayudaba a limpiar y me venía de nuevo a mi casa. Yo la ayudaba para que cuando él volviera a la casa encontrara todo limpio y estuviera contento”, dijo.

Familiares de la víctima de abuso sexual (1)

Abusar de menores, una costumbre de Gómez

“¿Qué harías vos si un tipo como este le hace algo así a una criatura de tres años?”, cuestionó un familiar. Acto seguido, entre varios familiares aclararon que la menor no habría sido la única abusada, sino que “también abusó de la nena más grande”, en referencia a la menor de 9 años.

Más maltratos, más violencia

Continuando con el relato de los maltratos, tanto físicos como psicológicos, además de los sexuales, los familiares allí presentes relataron que “ni siquiera dejaba que las criaturas durmieran de noche”. “Tenían que venir a nuestras casas a dormir de noche por los maltratos que sufrían”, agregaron.

Mientras él se quedaba en la mesa tomando Gancia, mandaba a las criaturas a vender tortas fritas al rayo del sol, descalzos”, contó la abuela. “A mi hija no la dejaba salir ni a la esquina. La amenazaba con las criaturas: ‘si vos te vas, yo te mato un hijo’, le decía”.

“Mientras él se iba a trabajar, no los dejaba tocar ni un pan a las criaturas. Los gurises tenían hambre e iban a la mesa a sacar un pedazo de pan, entonces el hombre les pegaba en la mano y les decía que esperaran para comer. No podían ni comer un pan”. 

Acto seguido, la familia señaló a un grupo de menores que estaban sentados a la sombra de un árbol. “El bebé que está gordito es el hijo de él (del abusador), está bien alimentado; pero miren al otro de remera violeta (quien sería su hijastro), está flaquito, muy delgadito”, compararon con indignación.  “Nosotros veíamos cuando lo mandaba a comprar pan, el nene se paraba en la esquina, comía rápido una galleta, se limpiaba las migas, cerraba la bolsa y ahí recién volvía a la casa, porque quizás después no comía en todo el día”.

“Muchísima gente lo estaba buscando y no lo pudimos encontrar”.

“Si al hombre lo sueltan, lo vamos a agarrar. Vamos a hacer justicia por mano propia. Todos somos padres y todos tenemos hijos. No puede haber alguien así suelto”, espetaron por último a viva voz.


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