El perro verde se fue

Editorial 04/10/2022 Por Editor
Tenía una filosofía que lo emparentaba con nuestro TABANO SC que resulta ser “Tábano sin cabeza” quien publica algunas notas en diarioelsol.com.ar y comparte espacio en esta humilde columna.
Jesús Quintero

A la sazón, comparten padre y madre y serían la misma persona trastocada solamente por la ironía del pensamiento, uno el circunspecto estilo de un periodista asceta que cuenta lo que ha sucedido pero no avanza más allá y no toca los nervios de poderosos y el otro, que mete el bisturí y llega hasta la médula y opina, sin otro freno moral que el de su propia conciencia.

Dos estilos, uno de supervivencia y el otro, para que vivir valga la pena. 

Hoy, vamos a despedir a uno, el perro verde que se fue sin despedidas, simplemente se acostó y partió, del otro, se ocuparán -a su tiempo-  sus críticos.

A los 82 años falleció Jesús Quintero, se fue a la cama a descansar y ya no se despertó. 

En el estudio minimalista lo acompañaba un perro blanco y lanudo que se quedaba todo el tiempo echado en el piso.

Los “nadies” entrevistados eran sus favoritos y los de la audiencia. Como ese hombre que no contestaba ninguna de sus preguntas y que finalmente resultó ser mudo o los 11 mendigos con los que conversó durante una cena, la modelo desnuda, etc.

En 1989 llegó a la Argentina. No eran tiempos fáciles “me tocó venir en el caso y no en la abundancia, pero no me preocupa porque no vine a hacer la América”, le revelaba a Ulanovsky. En estas tierras era un viejo conocido, El loco de la colina se emitía hacia diez años por Radio Nacional.

En Buenos Aires sufrió un violento robo en su productora. Dos hombres armados se llevaron 10 mil dólares y él, un culatazo. La policía le preguntó si quería denunciarlos. Respondió que lo único que le interesaba era… entrevistarlos.

“Desde luego que esto no ha cambiado mi forma de ver las cosas. A mí me parece que es mejor sufrir la injusticia que cometerla. La cárcel es un reflejo de lo que sucede afuera, y no voy a caer en la condena ahora que me ha tocado a mí. Mi postura sigue siendo la misma con relación a la violencia. Los perseguidos persiguen. Los violentos de hoy padecieron la violencia de ayer. Porque no es lo mismo a que te levantes en villas miserias, rodeado de violencia, de mugre y de desesperación. No sé cuántos medios de comunicación me han llamado por esto que sucedió, pero muchos más que por los programas que hago. Esto es un circo y así están las cosas. Una persona ve en la televisión a unas chicas bailando sobre una tabla de surf, a las estrellas del rock, al consumismo, y en un día de desesperación toma la pistola y va a tomar el dinero por su cuenta, porque nunca lo ha tenido. La razón profunda es la desigualdad. No es posible que la mitad del mundo se muera de hambre y la otra mitad de colesterol”, reflexionó. 

Alguna vez le preguntaron qué es la vida y contestó: “Para mí, es el camino. La meta no tiene ningún interés. Ni siquiera la cumbre, porque después de la cumbre lo que puede venir es la ladera. Detenerme, todavía no. Aunque empiezo a pensar dónde me detendría. A lo mejor no es un paisaje. A lo mejor es una mirada. Entonces ahí ya dices tú aquí me quedo y todo lo demás no importa”

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