SILENCIOS QUE HABLAN

Editorial 14 de julio de 2021 Por Editor
Tal vez la peor ofensa que reciba una persona es el SILENCIO. El odio y el rechazo se manifiestan así de la forma más clara, con fuerza, sin adornos. El silencio es más implacable al mandar un claro mensaje más poderoso que un largo discurso.
silencio

El silencio dice que no o dice que sí, pero lo dice con más empuje, porque no se deja adornar por nada. Más que otorgar, el silencio sentencia. Y el silencio es respuesta, claro que sí.

No es ausencia, solo que no deja que nada se le acerque. No deja que te escapes. Cuando no tienes respuesta, el silencio deja patente tu carencia. En otros lugares como en China está mejor valorado.

Aquí es una ofensa, necesitamos rellenarlo con lo que sea. ‘‘Sigue hablando por dios, no sea que te entienda’’. Todo depende de la pregunta, ojo. Pero si duele más de lo que duele un insulto, es porque produce cierta indiferencia. Y estando vivo, lo último que quiere alguien es que le dediquen un minuto de silencio. Ni que se lo pidan por favor.

Hemmingway,  decía que “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”, frase célebre que parece haber sido adoptada para los silencios cómodos de los que pueden y hasta tienen la obligación de emitir respuestas y optan por el silencio.

Se dice también que muchas veces “los silencios hablan más que las palabras”, por lo cual se supone que un silencio es para bien entendidos una respuesta negativa a un requerimiento cualquiera.

Pero, deja entrever la posibilidad de que la respuesta sea positiva y que demore en los recónditos recovecos de un cerebro ocupado por mil y una cuestiones y que el producto final –o simple respuesta- esté en frenética o lenta elaboración. Como se sabe algunos son rápidos, otros lentos y existen, porque no, los “lelos”.

Hay factores exógenos a la natural inteligencia que Dios nos otorgó a cada uno y que pueden influir en los silencios, el dicho latino in vino veritas -"cuando se bebe se dice la verdad" es para quienes afirman convencidos que las personas tienden a expresar lo que verdaderamente piensan cuando están bajo la influencia del alcohol. Todos alguna vez hemos comprobado en nosotros mismos o en algún ser querido que el alcohol nos hace decir cosas que en estado de sobriedad no diríamos. Por ello es buena la aprendida técnica de mantener la boca cerrada y no pronunciar palabra alguna para no comprometerse a nada y así avanza y retrocede el mundo, entre silencios y parla en un auténtico “Cambalache siglo XX”.

@diarioelsolconcordia

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