DAÑO COLATERAL

Editorial 12 de julio de 2021 Por Editor
El daño colateral vendría a ser un daño no principal. Cuando un automovilista toma alcohol y conduce a velocidad extrema y se estrella y mata a toda su familia que está en el auto, causó daños colaterales porque no quería matar a su familia. Qué pena. El asaltante que mata al que es asaltado tiene por centralidad robar, no causar daños colaterales.
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Cuando se nos informa que murieron civiles por causa de un bombardeo que confundió el blanco, se está tratando de convencernos que no fue por mala voluntad sino por mala puntería. Fue sin querer. Colateral es aquello que está al costado, que no es el asunto central. Por ejemplo, los ayes de dolor de un torturado cuyo suplicio servirá para fines mejores. Lo central es que confiese, no que se retuerza de dolor. Los inocentes que son muertos o encarcelados por el entusiasmo en cazar sospechosos son daños colaterales. Se cometen algunas injusticias en el afán de hacer justicia. También cuando se disparan balas al aire para festejar año nuevo, por ahí matan a alguien colateral. La mayoría de la gente somos colaterales: unos más o menos que otros.

Los padres que se separan someten sin querer a un daño colateral a sus propios hijos, la Asociación Americana de Psiquiatría considera la ruptura conyugal como "una experiencia muy estresante para los hijos que puede tener consecuencias a corto, medio y largo plazo y que es capaz, además, de generar problemas físicos, emocionales, escolares y sociales.

La Pandemia puede ser el daño colateral del virus escapado de un laboratorio, los que lo crearon no pretenderían hacer tamaño estropicio en el mundo, sino experimentar y el daño colateral que dejó son millones de muertos y enfermos.

La pobreza es el efecto colateral no querido, de la riqueza. Una “fallita” en la distribución. Que haya poblaciones excluidas, desesperadas, es el efecto colateral de darle satisfacción a poblaciones privilegiadas. En una guerra los daños colaterales no son a propósito. A propósito es la guerra no la carnicería que esta causa. Si no hubiera niños ni enfermos que son seres colaterales, las explosiones solo estarían destinadas a los seres sanos principales. Es decir a los comandantes, los militares, los presidentes, los líderes y los que se enriquecen con las armas. Pero estos nunca mueren, porque se asegura más la vida de lo principal que de lo lateral. Desde tan alto los pilotos de los aviones no pueden discernir entre una viejecita encogida de miedo con un pañuelo cubriendo su cabeza y un guerrillero ocultándose bajo la capucha de la capa. Un misil no discrimina entre un terrorista o una embarazada, entre una residencia de refugiados y una casamata de enemigos. O entre una cuna y un cajón cargado de explosivos.

El responsable del desacierto aéreo puede disculparse y prometer que en el futuro no desperdiciará proyectiles. A ningún fabricante de armas le gusta que sus creaciones se despilfarren. La bomba de Hiroshima causó unos 200.000 daños colaterales, pero lo principal fue que otros quedaron vivos. La actual crisis global es el gran daño colateral de un sistema principal que proponía la riqueza. La contaminación de una planta modelo a la que le fallan los filtros, causa daños colaterales. Ya que su objetivo central es el bienestar humano no su perjuicio. Después de todo un daño colateral, como su nombre lo indica, no es principal. No hay que hacer tanto escándalo. Ninguna victoria es perfecta.

@diarioelsolconcordia

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