Parafraseando a Juan Domingo

Editorial 25 de mayo de 2021 Por Editor
Lo decía Juan Domingo: "Yo he visto malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás un bruto volverse inteligente".
JDP

Y agregaba: “No hay peor cosa que un bruto con inquietudes”. Cuando esas “inquietudes” son las de creerse el rey de farandulandia, el país donde se vive para el show mediático, a falta de los atributos de los famosos, puede creerse de “la farándula”, consiguiendo notoriedad a través del escándalo.

Quien no tiene la gracia para ser famoso por méritos propios, puede convertirse en un desgraciado farandulero, que viva su propia vida como una comedia, esperando el aplauso de la platea y la aprobación de su teatralización.

Como toda representación, hay una apuntadora, que va dictándole el guion al “rey” de farandulandia, quien no puede improvisar su propio argumento, debe respetar lo que le dice la apuntadora, guay si se equivoca, se expone a los gritos destemplados de la sultana de ubajaylandia.

No es que sea eunuco, decía Oscar que era “buen recitador” pero no alcanza a tener las dotes de las afinadas cuerdas vocales del que canta para la sultana quien lo ha mandado a castrar sicológicamente y quien sufre esa rara enfermedad que los científicos han dado por nombrar como Síndrome 49, XXXYY, tiene los hábitos eunucoides, con exceso en la distribución de la grasa corporal, discapacidad intelectual de moderada a severa, rasgos distintivos que se determinan científicamente con un pene pequeño y personalidad propensa a arrebatos de agresividad.

Como Incitatus, el caballo de Calígula, uno de los emperadores romanos conocido por su carácter déspota, que finalmente lo llevó a ser asesinado. Tras su muerte se escribieron numerosas historias sobre sus caprichos y locuras; una de las más famosas, si nos fiamos de las fuentes romanas, sería su intención de convertir a un caballo en cónsul, una de las máximas magistraturas romanas.

Incitato (que significa excitado) era el caballo preferido del emperador, que sentía verdadera devoción por él. Tomaba parte en las carreras de caballos y Calígula dormía a su lado la noche anterior a una competición; para que descansase bien se decretaba un silencio general -por lo general, la noche en Roma era muy ruidosa- e incumplirlo suponía la pena de muerte. En la única ocasión en la que Incitato perdió una carrera, Calígula ordenó ejecutar al auriga (el conductor del carro) lo más lentamente posible para alargar su sufrimiento.

Se supone que los historiadores del ayer habrán escrito estas historias a través 0de la transmisión de boca a boca y descubierto que por alguna razón Incitato no era un bruto, sino un animal dotado de inteligencia que le permitía, si se encontraba ante una situación inesperada, resolverla  con cierto grado de razonamiento, si por ello recibía palmaditas en el cuello por haber hecho algo bien, ese premio era una caricia, para él una recompensa que recordará con agrado para volver a realizar cualquier esfuerzo que le permita ser nuevamente mimado.

Ese déficit de cariño, la necesidad de ser acariciado, convirtieron a quien nació varón a ser capado aunque solo sicológicamente todavía tiene los atributos varoniles aunque le cueste trabajo encontrarlo, se ha sometido a su ama, como Incitato esperando ser ascendido en el Senado, para vergüenza de los propios Senadores.

Walter, que lo quería mucho, creía que no era un caballo, animal noble e inteligente, sino que cuando lo veía y ante todos le gritaba ¡ Chancha…Chancha !, y estos animales si son capaces de hacer lo que saben: Chanchadas.

            “Al que se quepa el sayo que se lo ponga.” 

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