Selección Argentina ante Suiza, por el Mundial 2026
Hay fenómenos que desbordan cualquier manual de sociología y se explican mejor con el pulso del corazón. Intentar poner en palabras lo que genera la Scaloneta es una tarea destinada al fracaso; se me llena la garganta de nudos y los ojos de lágrimas antes de la primera certeza, aunque en el fondo sé que no hace falta explicar nada, porque es un idioma que hoy sentimos y hablamos todos. Lo de este equipo ya hace tiempo que dejó de ser meramente fútbol. Se ha transformado, sin lugar a dudas, en el movimiento de felicidad colectiva más puro, transversal e importante que ha parido nuestra tierra en los últimos seis años. Es el espejo y, a la vez, el refugio de un pueblo históricamente golpeado.
Con ellos en la cancha, ocurre el milagro laico: las grietas se diluyen en la nada. Esta Selección nos emociona desde la entrega, nos contagia un sentido de pertenencia adormecido y nos devuelve la sagrada capacidad de ilusionarnos justo cuando la realidad cotidiana se vuelve más hostil y las crisis económicas y sociales aprietan con más fuerza. Dejaron de ser estrellas aisladas para consolidarse como una familia que no conoce de techos ni límites.
En ese andar, nos vemos todos reflejados, enarbolados bajo una misma bandera que ya no discrimina. Durante noventa o ciento veinte minutos, el reloj del país se detiene por completo y las etiquetas impuestas por la diaria se borran de un plumazo: en la tribuna o frente al televisor no hay castas, no hay planes, no existen diferencias ideológicas, ni gallinas, ni bosteros.







Una mañanita concordiense agradable en un sábado con sol y temperatura ideal para disfrutar del veranito invernal.



Cómo sería el camino de la Selección Argentina hasta la final del Mundial 2026: día, rivales y horarios

En violento asalto terminó con delincuente grave y una mujer con herida de bala.
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