"Esta entidad registra el pedido en su central de Inglaterra. La confirma con su central de Estados Unidos y luego da la orden de emisión en el lugar que corresponda. Por entonces las aerolíneas se pagaban entre sí los viajes que realizaban con otras cada seis meses”, explica el libro "Llaneros Solitarios; Hackers, la Guerrilla Informática", publicado en 1995 y por Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante.

A partir de allí descubrió que el sistema era falible y si vida se convirtió en un viaje perpetuo. En 1978 se enamoró de una empleada de la empresa que vivía en Colombia y quería verla cada fin de semana. Ante la negativa de su jefe en Concordia para viajar, Barragán volvió a recurrir al télex.

Inventó un intercambio de mensajes con la gerencia general de Aerolíneas Argentinas en Buenos Aires, donde lo autorizaban a viajar todos los fines de semana a Colombia para ver a una novia, con viáticos incluidos. En cada correo copió al jefe, que no tuvo otra opción que dejarlo ir.

Según el libro antes mencionado, una vez que descubrió cómo viajar gratis, "recorrió todo el mundo". En una entrevista aseguró conocer de memoria unos 120.000 códigos de navegación aérea. Se estima que obtuvo entre 600 y 1.000 pasajes gratis. A valores de la época, la estafa rondaría los 5 millones de dólares.

Escape a Brasil y nuevo negocio

En 1982 huyó hacia Brasil luego de que una de sus operaciones levantara sospechas. A un gerente de KLM le resultó extraño un pedido de pasaje de su compañía realizado desde Rosario con origen en Israel. Ante la demora de la aprobación, Yuyo intuyó que algo pasaba y escapó del país.

Documento de Raúl Horacio Barragán.

Documento de Raúl Horacio Barragán.

 

Instalado en el país vecino, aprovechó sus conocimientos y consiguió pasajes gratuitos de la empresa Varig, pero en esta ocasión, no lo hizo para viajar, sino que los imprimía y revendía los tickets al 50% de su valor.

Sin embargo, su negocio se vino abajo cuando el hermano de una mujer que le compró pasajes lo denunció. Las autoridades lo arrestaron una noche de enero de 1983 y los gerentes de Varig fueron hasta el lugar para pedirle que les contara cómo había realizado las estafas y qué códigos había utilizado, a cambio lo dejarían en libertad. Barragán aceptó, pero pidió que el intercambio se hiciera en la mañana del día siguiente porque estaba cansado. Sin embargo, al otro día voló hasta Buenos Aires con un pasaje de la propia Varig que endosó a Iberia.

El reloj que lo deschavó y los pasajes gratis para comisarios

Ya en Argentina, el hacker siguió con su método de reventa de pasajes, a cambio aceptaba tanto dinero en efectivo como bienes materiales. En una ocasión recibió como forma de pago un reloj Rolex que no funcionaba. Lo llevó a arreglar y al momento de retirarlo le surgió un problema inesperado: le pidieron los papeles de compra, algo que no tenía por lo que fue detenido.

Arrestado en la dependencia Federal, Barragán pidió un télex y les preguntó a los comisarios que lo interrogaban a qué lugar del mundo querían viajar. Ante el silencio de los uniformados, él mismo decidió que el destino sería Europa y anotó los nombres de los policías y sus esposas.

"¿Vos nos estás tomando el pelo, pibe?",

Raúl Horacio Barragán, el primer hacker argentino.

Raúl Horacio Barragán, el primer hacker argentino.

preguntó uno de los oficiales según cuentan en el libro. "Ya pueden ir a buscar los pasajes a la sucursal de Lufthansa", respondió tranquilo.

Minutos después, un agente regresó de la sucursal de la aerolínea con los cuatro tickets impresos y válidos en la mano por lo que procedió a explicarles su modus operandi. La declaración transcripta por Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante, dice: "Las líneas tienen muchas dificultades. No sé si habrán notado que casi siempre los pasajes vienen con un error en el nombre. Los que pedía para mí decían ‘Baragan’, con una sola erre. Eso es basura del satélite y las compañías aéreas lo saben. Ante cualquier inconveniente uno muestra el documento, se dan cuenta de que es un error de transmisión, y listo!".

"¿Qué hacía yo? Descubrí que si al final del mensaje metía una orden de retorno para el carro (similar al enter de las computadoras) y en la línea siguiente ponía cuatro eles mayúsculas, cerraba el circuito. Doy un ejemplo: mandaba un mensaje a PanAm San Francisco ordenando un pasaje con origen en Milán para tal recorrido, a ser endosado a Aerolíneas Buenos Aires o a Varig Río de Janeiro. El operador norteamericano que está mirando la pantalla lo ve entrar. Supongamos que se le ocurre verificarlo, cosa que casi nunca se hace. Cuando va a intentarlo, se cuelga el sistema. ¿Cómo iba a saber que era yo el que lo hacía a propósito? Tenía que apagar y reencender las máquinas y para cuando terminaba de hacerlo ya se había olvidado", explicó.

A los pocos días, "Yuyo" salió libre y sin cargos. Ninguna aerolínea quiso denunciarlo por temor a que el escándalo revelara lo vulnerable de sus sistemas, sin embargo, no se quedaron de brazos cruzados. Las empresas aéreas hicieron un conclave en París, determinaron cambios en materia de seguridad, modificaron códigos, crearon sistemas de verificación y se estableció que realizarían el clearing cada 32 días.

"Big Yuyo", el final para Barragán

La suerte de Barragán cambió en la década del 90. En 1993, la banda Los Pericos descubrió en plena gira por Venezuela que sus pasajes eran robados. En una rueda de reconocimiento, el manager del grupo identificó a Barragán como el vendedor, pero otro integrante del grupo no lo logró identificar. Sin embargo, los pasajes robados no propios del modus operandi del hacker, que los obtenía de forma "legal". Curiosamente, un año antes, la banda había lanzado su disco más famoso: "Big Yuyo".

El juez Juan José Galeano dictó su prisión preventiva y Raúl Horacio "Yuyo" Barragán pasó tres años en la hoy demolida cárcel de Caseros (1994-1997). Tras recuperar la libertad, se llamó a silencio y se alejó de los radares públicos.

"Yuyo" falleció el 1 de agosto de 2013 en Concepción del Uruguay, a los 56 años. Murió con el título indiscutido de ser el primer hacker argentino.