"Hay distintos grados y formas. La posesión es la forma más grave, pero también la menos común. En 11 años que llevo como exorcista he visto sólo tres casos de posesión, y de los cuales uno es dudoso al día de hoy. Esos han sido los tres casos de exorcismo puro que he tenido. Del resto, hemos tenido personas con parálisis de sueño que se levantaban con lesiones, o casos de vejaciones (sensación de haber sido violadas por alguien que no está). Todo eso lleva también su tarea exorcística", describe el padre Miguel.
El exorcista que lleva más de 20.000 casos: historias entre vómitos extraños, levitaciones y "fuerza hercúlea"
TABANO SC
El exorcista que lleva más de 20.000 casos: historias entre vómitos extraños, levitaciones y "fuerza hercúlea"
El padre Miguel López D'Ambola cumplió 63 años el pasado 1 de febrero, y lleva 11 de ellos desempeñándose como el exorcista de la diócesis de Mendoza. Sin tantos estereotipos como uno puede llegar a encontrar en novelas literarias o en aquellas atrapantes (y aterradoras) películas con el sello hollywoodense, el padre Miguel ya ha intervenido en más de 20.000 episodios. Son 20.000 personas que han asistido a él (o a quienes él ha llegado) ante una presunta posesión u "obsesión demoníaca" (una especie de estadio previo a llegar al punto más crítico).
"Hay otras formas en que se manifiestan estos episodios sin necesidad de llegar a posesión. Obsesión demoníaca es una de las más comunes. Es lo más parecido a una esquizofrenia, y también lo más difícil de determinar. Generalmente, cuando los profesionales de la salud no ven una afección determinada, eso ya me abre la posibilidad de buscar otras herramientas y ver el caso desde otro lugar", resume el religioso, quien ha realizado exorcismos también en otras provincias y practicó el último en enero de este año.
Vómitos que incluyeron objetos extraños, frases en dialectos desconocidos (aunque existentes) y hasta información sensible y confidencial que salió de las personas a quienes estaba exorcizando son solo algunas de las historias que cuenta este religioso mendocino, quien será párroco de Luján de Cuyo hasta el próximo 22 de febrero.
"El exorcismo es un sacramental, no un sacramento. Es como el agua bendita o el toque de campana, nos acercan a un espacio de Dios. Y nos ayuda para que podamos acercarnos a los sacramentos", explica.
Qué es un exorcismo y cuándo es necesario practicarlo
Según explica el padre Miguel, el exorcismo es un carisma propio del obispo. Y es éste quien delega en un sacerdote de su diócesis esa función. En Mendoza, este rol lo desempeña él, y también ha participado de exorcismos en otras diócesis en las que no cuentan con alguien para la función (en Santa Cruz, por ejemplo).
"Nada es más grande ni más fuerte que el Señor, nada puede ser más poderoso que el bien. Entonces, hacer un diagnóstico de afección demoníaca espiritual sin que haya sido rezado ni pensado del todo, puede hacer mucho daño. Lo mismo que si la persona la tiene y yo no trabajo lo suficiente en detectarla", detalla Miguel.
La función del cura exorcista entra en juego -o debería hacerlo- luego de un minucioso análisis con estudios psicológicos, psiquiátricos y neurológicos en donde no se detecte ninguna anomalía clínica. Ello no quita que cualquier situación contemplada entre los diagnósticos médicos también pueda involucrar una posible posesión. De hecho, López D'Ambola ha intervenido en episodios de pacientes con tratamiento clínico.
"Puede ser que una persona tenga una afección y el mal espíritu lo aproveche. Por eso es difícil el discernimiento, y una intervención incorrecta puede llevar a hacer mucho daño", agrega.
Entre tantas situaciones frecuentes con que se encuentra el cura exorcista mendocino, sobresale la de personas que llegan hasta su parroquia con una frase contundente: "¡Padre, necesito un exorcismo!". Sin embargo, cuando el cura les hace algunas preguntas para adentrarse en la situación, terminan por reconocer que están repitiendo lo que les dijo "una señora a la que fueron a ver".
"Hay que ir despacito, pero la gente a veces está ansiosa. Hay personas que se enojan cuando les digo que no 'tienen al diablo' y que puede ser una situación psicológica. En parte se entiende, porque la persona quiere salir de la situación en que se encuentran, y sufre", sigue el párroco.
Para el padre Miguel, es tarea de la Iglesia darles una herramienta a esas personas para que retomen una vida espiritual y abandonen esa entidad que los lleva a experimentar una repugnancia a todo lo que sea religioso.
"A veces hay que simplemente tener paciencia para que uno pueda hacer este caminito de perdón, porque el perdón sana, y lo tenés al alcance de la mano. El espíritu está metido y no te deja avanzar, te estanca. Pero a veces las cosas son más simples; la vida es simple, lo que difícil es ser simple", reflexiona.
Cómo llega una persona a estar poseída y cuándo se necesita un exorcismo
Según explica el cura exorcista de la Iglesia de Mendoza, las circunstancias en que una persona puede llegar a ser poseída (o invadida por una "obsesión demoníaca") son varias.
"Puede ser por responsabilidad propia, cuando se da un alejamiento de Dios de forma permanente y se vive como si Dios no existiera. También puede llegarse a estas circunstancias cuando uno va a buscar ayuda de supuestos 'brujos'. Si bien hay muchas cosas que son malas y existen, gracias a Dios, 99,9% de la gente que se dice 'brujo' son truchos. Y con una buena confesión y arrancar con fe, alcanza para normalizar la situación", describe López D'Ambola.
Otro de los contextos que facilita la posesión, según enumera el exorcista cuyano, es lo que se conoce como "permisión divina". Y, siempre de acuerdo a las palabras del religioso, son aquellos casos en los que Dios no lo impide deliberadamente, y lo hace para que la persona encuentre un bienestar.
"Es lo que pasó con el Padre Pío, que entabló a diario luchas con el diablo y esas luchas lo llevaron a ser convertido en santo y ser un multiplicador de fe", ejemplifica.
En cuanto a los indicios más comunes que pueden dejar entrever la presencia de una posesión, la Iglesia diferencia tres situaciones concretas que pueden observarse en la víctima. La primera de ellas es la que se conoce como "fuerza hercúlea" -viene del personaje mitológico Hércules-, y que se explica cuándo, ya sea por su tamaño o contextura, esa persona no debería tener la potente fuerza que manifiesta en el momento.
Otro indicio peligroso tiene que ver con el inesperado conocimiento -siempre de parte de la persona- de hechos que, en su situación cotidiana, no debería conocer.
"Me pasó. Siempre voy con un equipo que me acompaña a los procedimientos. Y, en una de las posesiones, ellos rezaban el Ave María mientras yo realizaba el exorcismo. La persona que estaba poseída me miró y me dijo: '¡Mirá, están rezándole! ¿Vos te acordás quién se murió rezándole a aquella?'. Y era porque mi mamá había fallecido un tiempo antes mientras le rezaba a la virgen", ejemplifica el cura.
El tercer síntoma al que estar alertas es el uso de un lenguaje o dialectos que, en circunstancias normales, la persona ni siquiera sabe de su existencia. En una oportunidad, el padre Miguel grabó a uno de sus exorcizados mientras le gritaba en un lenguaje extraño, y -cuando llevó el audio a una pastoral de gitanos que él conocía-, le confirmaron que se trataba de un dialecto montenegrino.
"Hay episodios en que se dan estas tres situaciones. Me han escupido, golpeado, pateado; no lo controlan. Hemos tenido que sujetar a una persona entre ocho", aclara.
Hollywood vs Realidad: cómo se practica un exorcismo en la vida real
Resulta imposible hablar de exorcismo sin que se represente la imagen mental de Linda Blair en el rol de una niña poseída, un ícono de la versión cinematográfica de "El Exorcista" (1973). En esta secuencia, se observa a una niña con toda la cara marcada con heridas, levitando desde su cama y expulsando un repugnante y viscoso vómito de color verde, una y otra vez.
Claro que esta es una de las representaciones más exageradas de una posesión y su posterior exorcismo, y en la vida real no suelen ser tan espectaculares como en la pantalla. No obstante, tiene sus similitudes.
"Puede que la persona llegue a vomitar, y que sea un vómito diferente. De hecho, es bueno que lo haga. En dos oportunidades las personas que tenía en frente vomitaron. Una vez fue pelo, y la otra fue como bichos bolitas. No son cosas que la persona tiene adentro y las expulsó, sino que se materializaron cuando las vomitó", reconoce López D'Ambola.
Si algo tiene claro el sacerdote luego de 11 años como exorcista y más de 20.000 intervenciones -con historias de todo tipo incluidas- es que no hay dos casos iguales. Por esto mismo es que trata de encarar cada uno de ellos como si fuese el primero.
Hasta el 22 de febrero, el padre Miguel será párroco de la Basílica de Luján de Cuyo. Luego quedará al frente de la iglesia de Asunción de la Virgen, en Dorrego. Y el jueves pasado, precisamente en la basílica de Luján de Cuyo, se proyectó la película "Nefarious".
"Es una ficción y el nombre significa 'el nefasto'. Es una historia en la que un psiquiatra debe determinar si un preso condenado está apto para ir a pena de muerte. Lo interesante que plantea la película es que no representa nada raro, nada exagerado al mostrar una posesión. Solo muestra la facilidad con que el demonio habla", describe el religioso.
No existe una duración promedio o estándar en la realización de un exorcismo. De hecho, el exorcista mendocino aclara que hay casos que se han sostenido durante años, hasta que la persona recupera la paz y logra sostenerla.
En cuanto al procedimiento, por lo general se inicia luego de que un familiar o la propia persona que cree estar poseída -hay que entender que no está permanentemente en ese estado- llegan al arzobispado y exponen la situación. Allí se activa el protocolo y es derivada a la parroquia donde se desempeña el cura exorcista.
"Según lo que me van diciendo, veo si amerita enviar a la casa de esa persona a gente de mi equipo para que hagan una primera bendición. Para mí, esa bendición es diagnóstico, y me sirve para ir viendo cómo ayudar", detalla.
Una vez consumada la bendición, se aguarda un tiempo para seguir la evolución del caso. De ser necesario, ya es el sacerdote exorcista quien cita en su parroquia a la persona involucrada y, estando juntos, realiza una oración. En paralelo, se comienza a trabajar para determinar si hay que abordar la situación a nivel espiritual, médico, o combinado.
"Luego de la bendición, el equipo sigue en contacto con la persona para ver la evolución. Generalmente concluyo la oración y el exorcismo con compresión en el cuerpo, esperando que la persona pueda recibir a Jesús en la eucaristía. Suele ocurrir que durante los primeros dos o tres días posteriores pareciera que sigue igual, antes del cambio. Ahora, si no evoluciona y sigue en esa condición, se ve cómo se sigue. Y se mantiene, no solamente hasta que la persona quede liberada, sino que se sienta liberada", concluye.



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