Víctimas de abuso del intendente entrerriano condenado organizaron un asado para festejar

Los dramas e inconvenientes que debieron pasar: desde perder sus trabajos, hasta la condena social y enfermedades de transmisión sexual.

Sociedad 19/03/2023 Editor Editor
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Cuando el lunes al mediodía se conoció el veredicto en los tribunales de Gualeguaychú, que sentenció a Angel Fabián Constantino, intendente de Gilbert, a 14 años de prisión por triple abuso sexual, las víctimas organizaron "un asado para festejar". Había que hacer algo distinto, no podía quedar como un día más, pensaron ellas.

"Fue el día bisagra... el día en que nuestras vidas empezarán a tener un poco de paz", coincidieron. Y allí mismo, con la efervescencia de un fallo que las embriagaba de un alivio sanador, fueron a comprar el corderito que prepararían a la noche.

María Luján Aguirre tomó la iniciativa, Verónica Portillo se encargó del menú y Norma Santos puso su casa. Ellas son las tres víctimas a quienes Constantino abusó sexualmente y acosó psicológicamente entre 2015 y 2021, en contexto de violencia laboral y de género.

El intendente de Gilbert, que se encuentra de licencia con goce de sueldo desde mayo de 2022, está en prisión domiciliaria en su casa, monitoreado con una tobillera electrónica y con un patrullero en la puerta hasta que Casación confirme su condena. Quien quedó al frente de la localidad entrerriana es Alberto Meneses, subintendente,

"Cuando salimos de la sala de audiencias y nos vimos abrazadas en la calle, llorando de alegría por el fallo, nos encontramos con que algo más teníamos que hacer. No podía quedar en un 'Bueno, chicas, nos vemos otro día'. No. Nos merecíamos volver a vernos, a juntarnos, compartir algo más grato más allá del monstruo que tenemos en común", hace saber Portillo.

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Para Norma fue "la noche no más feliz pero sí menos amarga de los últimos tres años. ¿Sabés el calvario por el que venimos pasando? ¿Tenés idea en lo que se convirtieron mi vida y mi salud después de lo que tuve que pasar? Es una lástima que con Luján y con Verónica nos hayamos conocido a partir de esta desgracia por la que pasamos las tres, pero a la vez qué bien que pudimos enfrentar la situación, denunciarlo, aguantar ser señaladas de mentirosas y hoy poder sentir un poco de tranquilidad".

Norma no recuerda cuánto hacía que no se reía. "Nos encontramos en mi casa, donde mi marido hizo el corderito a la parrilla para chuparse los dedos. También estaban Marcelo y José, parejas de Luján y Verónica, y algunos chicos. Pusimos música y si bien tratamos de distraernos y hablar de otras cosas, no dejábamos de pensar que a cien metros estaba la basura de Constantino... Tengo que aguantar que la prisión domiciliaria la haga casi al lado mío".

Verónica, la más introvertida, cuenta que "fue una velada tan necesaria como diferente... No se puede hablar de felicidad ni alegría, porque a nosotras nos humillaron y esas secuelas durarán mucho tiempo, pero pudimos volver a disfrutar lo que era una reunión de amigas... Sí, de amigas porque alguna manera generamos un vínculo muy fuerte. Es cierto que nunca nos frecuentamos y hace dos años que no compartíamos nada, pero este encuentro fue inolvidable".

Se tienta Verónica, se le vienen algunos momentos del asado a la memoria. "Es que no sabíamos si llorar o reír, pero por suerte nos reímos de nosotras, de nuestro pesar, de los que nos tocó... Y estuvo bueno tomarlo de esa manera, sin darnos pena ni lástima, ni tampoco ponernos en lugar de víctimas".

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Luján mete fichas y comenta la gracia que les dieron los comentarios de muchos vecinos de Gilbert, que "nunca nos creyeron, que nos señalaron con el dedito, que nos trataron de putas y que ahora no podían creer que lo habían condenado. No veo la hora de verles las caras a esas personas que nos dijeron las peores cosas". Las tres están orgullosas de su fortaleza, de tolerar amenazas y persecuciones para retirar sus denuncias, y de vencer sus propios miedos. "Hemos conformado un bloque de granito", ilustran.

Como si se conocieran de toda la vida... Así es la sensación que transmiten. "No podíamos parar de hablar, de contar anécdotas, de saber un poco más sobre la otra... reímos, lloramos, cantamos. No recuerdo el tiempo que pasó desde que disfruté de una reunión", tira Norma.

"Y eso que el contexto -acota Luján- no era el más favorable, pero le metimos garra, la vida es corta para un eterno sufrimiento. Por supuesto que quedarán secuelas, lo sabemos, pero no por eso vamos a bajar los brazos, ni en pedo. Hay hijos que nos estimulan a salir adelante".

Olele, olala, Constantino va a la cárcel, a Gilbert no volverá. Luján cantó toda la noche y arengó a sus amigas hasta pasada la medianoche. Verónica y Norma la escoltaron, y se acoplaron sus parejas. En el medio de la madrugada de Gilbert, se esforzaron para hacerse escuchar en el silencio del vecindario. Y el hit que se repitió hasta las 3 de la mañana, hora en que terminó la reunión.

"Teníamos mucho para hablar, podíamos haber seguido toda la noche... Queríamos saber de nosotras, de nuestros hijos, los trabajos, de cómo de un día para el otro se apagó la vida, de los momentos de vulnerabilidad, en los que nunca se termina de tocar fondo", comparte Norma. "Pero también en cómo hizo cada una para resucitar, porque nosotros estuvimos muertas. Somos muy diferentes pero podríamos ser amigas perfectamente. Sentimos que nació un sentimiento verdadero y un vínculo que nos hará muy fuertes", confía Luján.

Verónica y Luján le recuerdan a Norma, cuando ella vio salir a Constantino, esposado, de los Tribunales de Gualeguaychú y la policía lo metió en el patrullero. "Norma lo corrió, eludió el cerco policial y le tiró el agua que tenía en el termo", ríe Verónica. "Sí, pero después le subió la presión y se desmayó... nos asustamos todos", agrega Luján. "Qué locura", grafican las tres.

Aparecen en la cena más flashbacks del súper lunes de suspenso y acción que vivieron. "Lo que nos hizo reír sin parar fue ver a ese tipo (no lo nombra a Constantino) discutiendo con el policía que le quería poner las esposas. Repetía 'no puede ser, soy inocente', y se negaba a ser esposado. Pedía por favor que no hasta que el agente lo paró en seco y no tuvo opción", comparte Norma.

Luján recuerda esa escena fellinesca: "Pedía que no le agarraran las manos, que no lo esposaran y que no lo sacaran a la calle, porque lo iban a ver los vecinos y los medios lo iban a mostrar humillado... Mi sensación fue como la de volver a la vida, verlo así... hundido, casi arrodillado me recordó a cuando yo lo trataba de agarrar para que no me hiciera lo que me hizo. Así como él le pedía por favor al policía, yo le había por favor a él... y no tuvo piedad".

No se quiebra, lo cuenta con aplomo. "Esa escena me disparó mil imágenes en apenas segundos. En ese momento, en los tribunales, verlo (a Constantino) y recordame en sus garras fueron un flash, yo estaba petrificada en ese instante en que él decía que no con la cabeza mientras el agente policía le gritaba, lo retaba... En la reunión con las chicas, esa secuencia fue recordada con muchas risas, porque las tres la vimos y cada uno vio algo distinto".

Norma toma medicación por contraer una enfermedad de transmisión sexual -que le contagió Constantino- y se las rebusca con artesanías para tener algún ingreso y ayudar a su marido de 73 años. Verónica debió buscar trabajo de enfermera en otra ciudad, en Urdinarrain, porque en su propio pago le cerraron las puertas. Luján se quedó sin trabajo, sin un peso y con medicación psiquiátrica de por vida. Pero ellas dicen que ya lloraron demasiado, "es hora de volver a la vida".

Tienen en claro que lo que han logrado "fue un montón, pero también sabemos que la lucha no terminó, porque estamos frente a un tipo de mucho poder, que tiene a medio pueblo comprado", dice Verónica. Con Norma mastican bronca, porque se enteraron, 48 horas después de la condena, que no estaba el móvil policial en la puerta ni tampoco había llegado la tobillera electrónica. "No estaremos tranquilas nunca, yo hasta que no lo vea tras las rejas no voy a parar", desliza Norma.

Las tres coinciden de que en la noche del asado "terminó de nacer en nosotros un vínculo sólido, como que nos tenemos incondicionalmente. Sabemos de qué estamos hablando, sabemos lo que vivimos y podemos ayudarnos y contenernos".

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