Represión y delito
Frente a los discursos que insisten en el endurecimiento de las penas como única salida a la inseguridad, las estadísticas mundiales demuestran lo contrario: el populismo punitivo no reduce el delito. Un análisis sobre el fracaso de los modelos puramente represivos y la urgencia de apostar por políticas reales de reinserción social.
“Nosotros no creemos que lo que perfecciona a la justicia sea el castigo. El castigo al culpable es la concreción de la venganza personal a través de la vindicta pública. Pero eso es una rémora de las religiones, que instalaron la idea del castigo para quien quebranta las normas. Las víctimas no mejoran con eso…tampoco los victimarios…y la sociedad tampoco mejora con eso. El sufrimiento no mejora a nadie ni desalienta el delito. Por el contrario, lo estimula”.
La sentencia no es autoría de un idealista ni de un romántico de utopías ingenuas. Pertenece a Jouko Pietilä, director general de la cárcel de máxima seguridad de Helsinki, Finlandia, en ocasión de mi visita a esa unidad.
Recuerdo aquellas palabras cada vez que observo con atención entre nosotros las propuestas de funcionarios y políticos para solucionar el flagelo de la inseguridad. Todas, absolutamente todas, son herramientas represivas. El punitivismo pareciera ser en este tema el único camino a transitar.
Reinserción…¿Qué es eso?
Acaso en algún discurso perdido se mencione al pasar la necesidad de procurar la reinserción social de quienes delinquen, pero no deja de ser parte de una retórica que no se traduce en políticas reales.
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