El árbol que cayó en la Avda.Eva Perón, era un “Palo Santo” con significado en la cultura guaraní y la historia regional.
“ El que no sabe, es como el que no ve”, dice el refrán y es cierto. Para los que transitaban ayer la concurrida Avda. Eva Perón de ingreso a Concordia, la caída de un añoso ibirapitá, representaba nada más que la molestia de rodear la calle para seguir viaje, pero, ese árbol nativo, tiene una profunda significación en la cultura guaraní y en la historia de un prócer regional, como José Gervasio Artigas, que descansaba siempre debajo de la sombra de un Ibirapitá, de tal manera, que se lo conoce también como “el árbol de Artigas”.
Es también un árbol con propiedades medicinales -por eso su nombre de “Palo Santo” y su madera es una de las más apreciadas por su color rojizo y dureza. Le contamos las distintas facetas de un árbol que merece ser conocida.
El Ibiripitá de Artigas, plantado de retoños del árbol bajo cuya sombra descansaba el General Artigas en PARAGUAY.
¿ Qué es y que representa el árbol caído ayer en Concordia ?
El Ibirá Pitá, también conocido como Palo Santo o Guayacán, es un árbol milenario que se encuentra en las selvas de América del Sur, especialmente en las regiones de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Para la cultura guaraní, este árbol no es simplemente una especie vegetal, sino que representa un símbolo de sabiduría, fuerza y conexión con la naturaleza. Su nombre, Ibirá Pitá, proviene de la lengua guaraní y significa literalmente "árbol santo".
El Ibirá Pitá tiene propiedades antiinflamatorias, analgésicas, antibacterianas y antifúngicas. Se utiliza para tratar una variedad de dolencias, incluyendo dolor de cabeza, fiebre, dolor muscular, infecciones de la piel, problemas respiratorios, reumatismo y enfermedades gastrointestinales.
¿Cómo se utiliza el Ibirá Pitá en la medicina tradicional?
Las hojas, la corteza y la madera del Ibirá Pitá se utilizan para la elaboración de infusiones, aceites esenciales y otros remedios tradicionales.
LA LEYENDA GUARANI DEL INDIO CONVERTIDO EN ARBOL
La leyenda dice que un indio Ibirapitá, hijo del anciano jefe que gobernaba al grupo, amaba con gran locura a Caavotori, que era la más noble joven de la tribu.
Un buen día este habló con Ibirapita y le dijo:
-Desde este momento en adelante tú serás aquí el cacique. Yo ya estoy viejo, cansado y tengo que reposar, con esto lo único que te pido es que te cases con Isipo.
-Él le respondió con gran amabilidad: Todo lo haré, todo lo haré, padre mío; pero no puedo casarme con la hermosa Isipo porque amo con gran locura a Caavotori – aquel anciano le dijo: si no te casas con ella en tres lunas, te despreciaré por siempre ante la tribu completa.
El pobre Ibirapita tomó la decisión de hablar con Isipo para poder confesarle su amor por Caavotori y así pedirle que interviniera en su ayuda ante su padre. Isipo lo escuchó con atención y en silencio y luego dijo con gran maldad y despecho:
-Yo te amo, Ibirapita. Eres hermoso y nunca permitiré que seas de otra mujer. Mi aliado es Aña, y por él juro que no serás de Caavotori.
Ibirapita salió de allí lleno de desesperación y empezó a caminar sin ningún rumbo. Por fin después de mucho pensar, fue a ver a Caavotori, la tomó en sus brazos y le dijo: -vamos hacia la felicidad o hacia la muerte. Tenemos que huir de aquí.
-Yo no tengo nada de miedo si tú me llevas. Vamos a ir a donde tú quieras- Le respondió ella decidida.
Pero la maldad de Isipo no iba a permitirlo, imploró por la asistencia de su aliado Aña, y siguió muy de cerca la secreta marca de aquella pareja enamorada, bajo los altos árboles de la tupida selva guaraní.
Cuando Ibirapita se dio cuenta por fin de ello, echó a correr con su preciosa carga en los brazos. Estuvo así por un largo rato y de pronto se paró como paralizado, con las piernas atadas por extrañas cuerdas. Fue allí que comprendió entonces y con gran espanto que los tres se estaban transformando en plantas del bosque, dio un gran grito que hizo estremecer a las fieras y a los pájaros, y ya no vio absolutamente nada.
El juramento de la encantadora como perversa Isipo se había cumplido: “no voy a permitir que seas de otra mujer”. Aña; el diablo, había escuchado sus ruegos, tal es la gran leyenda que rodea la vida del árbol caído ayer en la Avenida Eva Perón.
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