Dada la multiplicidad y la morfología de las agresiones, los peritos concluyeron que los atacantes habrían empleado al menos varias armas. El estudio forense detalló además severos seccionamientos en partes blandas de la región abdómino-pélvica y de los glúteos, así como la amputación de la mano izquierda, cuadro que se vio posteriormente agravado por la acción de animales predadores de la zona.
El avanzado estado de descomposición del cuerpo y las maniobras de seccionamiento detectadas constituyeron un obstáculo para determinar si la docente fue víctima de una agresión sexual.


















