Fernando Stanich consideró que “estamos en el peor año de los últimos 20 para los periodistas” en Argentina

Nacionales27/10/2026TABANO SCTABANO SC

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Fernando Stanich, presidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), opinó sobre la seguidilla de agresiones y descalificaciones por parte del presidente de la Nación, Javier Milei, a periodistas. Consideró que las embestidas desde el poder político no pueden leerse aisladas de las agresiones individuales. Señaló un correlato entre la “violencia verbal y física”, y puntualizó que 2026 es “el peor año” para el periodismo y la libertad de expresión en el país, en los últimos casi 20 años.  

Las dimensiones de su análisis profundizaron la situación diferenciando conceptos que suelen confundirse, como libertad de opinión o expresión con violencia; la situación económica vulnerable de los periodistas en el interior del país; las demandas contra periodistas hasta por parte de funcionarios judiciales; y el consecuente deterioro democrático. 

El viernes por la noche, en una cena de la Fundación Faro y ante numerosos empresarios que aportan suculentas sumas de dinero a la política, el presidente Javier Milei pidió “hoguera” para Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrígues, Natalia Volosín y Luis Novaresio.  Ayer lunes, Fopea informó que la semana pasada hizo una denuncia ante la Relatoría de Libertad de Expresión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). “Pedimos un llamado de atención. Entendemos que hay riesgos serios para el ejercicio del periodismo”, contó Stanich al programa A Quien Corresponda (Radio Plaza).

El periodista tucumano dijo sentirse asombrado tras el ataque del viernes por la noche. “No deja de sorprender la escalada de violencia verbal por parte del presidente. Venimos advirtiendo desde Fopea que, desde que Javier Milei se hizo cargo de Presidencia, vienen subiendo exponencialmente las agresiones contra periodistas. Estos son datos del Monitoreo de Libertad de Expresión: 2025 fue el peor año para agresiones contra periodistas desde 2008, que es cuando Fopea comenzó a medir el estado de la libertad de prensa y expresión con el Monitoreo. Este 2026 ya se superaron los registros de 2025, o sea que estamos en el peor año de todos, de los últimos casi 20 años para los periodistas”.

¿Libertad de opinión o violencia?

Inmediatamente, el columnista de política en diferentes medios, conductor de radio y televisión y autor de libros, apuntó que “el 60% de las agresiones al periodismo vienen del Presidente de la Nación”. “No hay que confundir”, planteó. “El ejercicio de la libertad de expresión no es así. Una cosa es refutar o debatir y otra es el agravio, la deslegitimación. Ahí se pasó el límite que el Presidente supera semanalmente. Venía de jugar con una metáfora de ‘torpedo a la cabeza de sicarios y corruptos del micrófono’, y pasó a la figura de ‘quemar periodistas en hoguera’. Hay que salir de la idea de que eso es libertad de expresión, eso es violencia. Y crea un ecosistema digital violento que tiene un correlato con la violencia física. Hay que recordar que el año pasado tuvimos el caso de Pablo Grillo que todavía se está recuperando. Es hora de que los colectivos de periodistas nos plantemos. Exijamos a la dirigencia económica, política y eclesiástica que se diga ‘hasta acá’, para no lamentar situaciones más graves”.

“El ejemplo nacional se replica en las provincias donde estamos a oscuras”

Stanich advirtió que la situación en el interior del país es más riesgosa que en Buenos Aires. “Esto nos afecta más a los colegas de provincia. En las provincias estamos a oscuras, con menos difusión. En Buenos Aires los colegas atacados tienen respaldo de las empresas en las espaladas y cualquier agravio genera una alerta mayor. En el interior, muchas veces los periodistas trabajan como monotributistas autónomos, no tienen empresas que respalden”, comparó.

Además sumó la “exposición a demandas judiciales, agresiones físicas y verbales”. “El mal ejemplo nacional se replica en las provincias. Acá en el Norte, representantes libertarios copian al Presidente y se replica la violencia a menor escala, con el agravante de la situación de precariedad laboral que hace más difícil todo”.

“Se van callando colegas. Es muy triste”, lamentó y reconoció una grieta que divide a los propios periodistas. “La trampa es esa. Los periodistas tenemos que salir del escollo sobre quien recibe la agresión ahora, que si la agresión viene de un lado u otro. Si alguien hace algo que está mal, venga de donde venga y vaya a donde vaya, está mal. Los periodistas deberíamos, sin distinción, repudiar toda la violencia. No pensemos sólo en ese colega, pensemos también en el efecto de autocensura. Los periodistas agraviados en redes cierran sus cuentas, pierden el espacio para evitar ser hostigados, acosados. Repudiemos lo que está pasando”, pidió.

Más adelante recordó que el año pasado, en Buenos Aires una militante libertaria corrió con un cuchillo a un cronista que debió refugiarse en un supermercado para no ser atacado. “Eso es un correlato de la violencia verbal que baja. El Presidente señala con nombre y apellido a los periodistas que van a cafés y llevan sus hijos a la escuela. Entendemos que se cruzaron todos los límites. Por eso, la semana pasada hicimos la denuncia ante la Relatoría de Libertad de Expresión de la ONU, pidiendo un llamado de atención. Entendemos que hay riesgos para el ejercicio del periodismo”.

Acciones judiciales contra periodistas

El Monitoreo de Libertad de Expresión de Fopea, muestra el indicador que más creció: las demandas judiciales contra periodistas. “Hay demandas iniciadas, incluso, por funcionarios judiciales. La justicia es permeable a todo esto. Tenemos colegas que no podían caminar por la cuadra de la AFA porque hubo una demanda de Claudio Chiqui Tapia. La Justicia avanza contra los colegas, estableciendo censuras previas, demandas civiles y penales”, señaló el presidente de Fopea.

“No creo que la Justicia muestre músculo para ponerle freno a esto. Es cierto que cuando las demandas llegan a instancias superiores, hay un freno. Pero mientras tanto pasan meses, años, y los periodistas son impedidos de trabajar, debiendo ocupar tiempo y dinero para defenderse”.

“Voces que se van apagando”

Stanich evaluó la situación descripta anteriormente a la luz de la calidad democrática de la sociedad. “Acá se confunde la legitimidad de los votos al Presidente con la facultad para insultar e invalidar al que piensa diferente”, resaltó y marcó que hay “voces que se van apagando, personas que dicen no opino más por miedo, se van callando por el nivel de agresividad”. Y esto “se complementan con cuestiones normativas que el oficialismo intenta imponer”, planteó y puntualizó: la restricción que en 2024, mediante decreto, sufrió la Ley de Acceso a la Información Pública; la eliminación de instancias de participación civil en procesos de designación de magistrados en la Justicia Federal, y restricciones al trabajo en las oficinas de Presupuesto en el Congreso, un insumo con el cual los periodistas trabajamos mucho para obtener datos oficiales de interés público; proyectos que están dando vueltas como la ‘ley lobby’ que equipara el lobby económico de empresas con la cooperación internacional que puedan recibir organizaciones de la sociedad civil; el proyecto de ley de defensa de soberanía nacional que incorpora un artículo difuso para sancionar con prisión a quienes participen de campañas de desinformación, algo que es sumamente abstracto y peligrosísimo en un año electoral como el que se avecina. Toda esta situación se violencia contra la libertad de expresión se complementa con una serie de normativas que el gobierno está intentando instalar para ir limitando la participación pública”.

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