La Inteligencia Artificial no necesita rebelarse contra la humanidad para complicarnos la vida. Le alcanza con acostumbrarnos a tenerla disponible gratis a toda hora para luego restringirla o cobrarla para ampliar su servicio.
El truco no es nuevo. El famoso “el primero te lo regalan, el segundo te lo venden” lo conocemos todos y las plataformas digitales llevan años perfeccionando un modelo que consiste en eso: ofrecer un servicio atractivo sin costo, conseguir millones de usuarios que lo suman a su rutina y, una vez consolidado el hábito, construir distintas categorías de acceso. La diferencia es que ahora no se trata solamente de escuchar música, mirar una serie o guardar archivos en la nube, sino que la inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar en el trabajo, el estudio y la vida cotidiana.
Y cuando una herramienta se vuelve indispensable, pagar por ella deja de ser una elección tan sencilla.
El fin de la muestra gratis
No estoy diciendo que las empresas no deberían cobrar, porque se entiende que es un servicio con un costo considerable, pero con el tiempo el modelo comercial se volvió más complejo. La versión gratuita actual de ChatGPT mantiene funciones de conversación, búsqueda web y herramientas adicionales, pero establece límites para prestaciones como la generación de imágenes, la carga de archivos y el análisis de datos. Cuando se alcanza el tope de uso, hay que esperar horas a que se restablezca o pasar a una categoría paga.
OpenAI aclara que los límites y las funciones disponibles pueden cambiar y ofrece suscripción Go por U$D 6, Plus por U$D 20 y Pro por U$D 200 mensuales. Entre estos extremos hay diferencias de acceso, capacidad y disponibilidad de herramientas avanzadas.

















