Esta distinción metodológica explica la marcada desconexión subjetiva de miles de ciudadanos que aún se autoperciben como pertenecientes a la clase media, a pesar de que sus ingresos familiares reales los ubican en escalones inferiores de la pirámide.
Aunque el ingreso promedio de las familias argentinas alcanzó un valor neto de $2.800.000 mensuales, la distribución real es sumamente dispar, ya que el 78% de los hogares del país percibe ingresos por debajo de esa cifra promedio.

















