Su inicio en Madres de Plaza de Mayo comenzó luego del secuestro de su hijo, Alejandro Martín Almeida: tenía 20 año, trabajaba en la agencia Télam y en junio del año 1975, desapareció en manos de la organización paraestatal conocida como La Triple A durante el gobierno de la expresidenta Isabel Martínez de Perón.
Pasados los años, y después de haberse conocido las diferencias internas en el movimiento, asumió la presidencia dentro de la Línea Fundadora de las Madres. Su rol trascendió lo partidario y será recordada por su constante consigna "la única lucha que se pierde es la que se abandona".


















