Este fenómeno es transversal y afecta a diversos sectores, desde trabajadores independientes y empleados del sector privado, que son los perfiles que más lideran la búsqueda de ingresos adicionales.

A su vez los jubilados representan un 14% del universo que rastrea un segundo empleo, evidenciando que la pasividad laboral no garantiza estabilidad económica. Mientras que los jóvenes son un público central afectado por la informalidad laboral, lo que los empuja a buscar múltiples ocupaciones.

Distribución geográfica y percepción social

La necesidad de un "plus" salarial no se distribuye de manera uniforme en el país. La mayor demanda de un segundo trabajo se concentra en el Gran Buenos Aires (20%), seguido por el NEA (19%) y el NOA (17%).

Esta presión sobre los ingresos se traduce en un malestar generalizado. El 49% de los encuestados considera que su situación económica personal es mala.

El diagnóstico de los analistas es contundente: el problema central hoy no es la falta de acceso al trabajo, sino la degradación de la calidad del ingreso, que impide a la mayoría de los trabajadores escapar de la zona de vulnerabilidad.