


Dos jóvenes emprendedores locales se establecieron en la costanera de nuestra ciudad a vender tortas a los paseantes del tradicional paseo concordiense.
Lejos esuvieron los vendedores de pensar cuando idearon esa forma de hacerse de unos pesos que su actividad originaría un alocado movimiento de inspectores, uniformados y guardias urbanos de la Municipalidad con el único fin de aplicarles una multa y sacarlos del lugar público invadido por el clásico olor a las tortas caseras.
Transeúntes cuestionaron a los inspectores: "¿No ven que están trabajando?”, mientras otros sugirieron que fueran "al centro y apliquen multas a los restaurantes que te arrancan la cabeza". Ofuscados por la situación, manifestaron que "no vengan a jorobar a estos gurises que solo venden unas tortas". También se escuchó a otros vecinos que trataban a los inspectores de "ineptos, hijos de….”.

Los supuestos infractores que, a esa altura ya eran considerados delincuentes, pidieron que no los traten "como ladrones", a la par que aseguraban ser simples "laburantes que no hacen nada malo”.
Sin embargo, la ley es la ley cuando se aplica a rajatabla. Al inspector no le importa, pero la gente se estaba cabreando por lo que optaron por el mal menor y decidieron irse del lugar.



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