A diferencia de la primera etapa del lanzador, que retorna a la Tierra de forma controlada para ser reutilizada, el tramo superior permaneció en órbita y sin combustible suficiente para maniobrar hacia la atmósfera terrestre. Tras vagar sin rumbo por el espacio durante más de un año y medio, las perturbaciones gravitatorias terminaron fijando su destino de colisión inexorable contra el satélite natural.
Impacto a 8.700 km/h: una oportunidad única para la ciencia
El evento astronómico ocurrirá en las primeras horas del miércoles 5 de agosto (cerca de las 7:30, hora peninsular de España / 2:30 de la madrugada en Argentina). El impacto se localizará en las inmediaciones del cráter Einstein, en la zona limítrofe entre la cara visible y la cara oculta de la Luna.
Para la comunidad de astrofísicos y astrónomos, la colisión brinda un laboratorio natural pocas veces visto. A diferencia de las caídas de meteoritos, en este caso los investigadores conocen exactamente la masa del proyectil (cuatro toneladas), su velocidad de llegada (8.700 km/h), su trayectoria y el ángulo de entrada. Esto permitirá evaluar en tiempo real la dinámica de la colisión, la energía liberada, el diámetro del nuevo cráter y el comportamiento del regolito lunar —el fino polvo de roca pulverizada que recubre el suelo del satélite—.
Se estima que la fuerza del choque expulsará cerca de una tonelada de regolito, levantando una pluma de material hasta los tres kilómetros de altura. Aunque la zona iluminada del borde lunar dificultará ver el destello de luz desde la Tierra con telescopios aficionados, los instrumentos y sondas orbitales que monitorean la Luna registrarán en detalle la formación de la nueva hendidura.