Es que Milei tiene un plan para transformar la Argentina y para poder lograrlo era necesario incurrir en la política. Siempre señala que se necesitan otros 4 años más para logar una “Argentina próspera” y por tanto necesita ser reelecto.
En el núcleo del poder libertario tiende a consolidarse la idea de que, sin el aporte electoral de Bullrich, la continuidad del proyecto está en riesgo. Las encuestas muestran que hoy la senadora es la candidata del oficialismo que más mide y que tiene mejor imagen.
En la Casa Rosada se sabe que Bullrich no sería una vicepresidenta cualquiera, ya que, si lograra el puesto, seguramente intentaría influir -y mucho- en la política del Poder Ejecutivo. Saben que de mínima será como “un co-gobierno”, mientras otros que no la ven con buenos ojos vaticinan que nombrarla vicepresidenta “sería como entregarle el gobierno”.
A costa de ceder parte del hipotético futuro gobierno, evalúan que es necesaria la presencia de Bullrich en la fórmula presidencial porque no sólo acercaría votantes del PRO, sino también a aquellos que están de acuerdo con el proyecto, pero discrepan con modos y políticas de Milei. En este sentido, la senadora le daría “un toque de moderación” a la propuesta que sería atractivo para sectores de centro.

















