La agitación social registrada en Francia se enmarca dentro de una ola de movilizaciones más amplia que sacude a varios países de Europa, entre ellos Italia, España, Portugal y Albania. En ciudades como Roma, Milán, Turín, Barcelona y Tirana, miles de jóvenes y familias salieron a manifestarse contra el encarecimiento de los alimentos, la crisis en el precio del alquiler y el aumento en los gastos militares, derivando también en choques callejeros, quema de contenedores y arrestos masivos.