Este contexto no solo impacta en los colectivos: también explica por qué, en el caso de los autos, muchas veces los eléctricos aún funcionan como un segundo vehículo y no como la opción principal, debido a limitaciones de infraestructura de carga y autonomía en viajes largos.
En ese escenario, las ciudades se convierten en el primer gran laboratorio de la electromovilidad, con experiencias concretas que ya están en funcionamiento y nuevas inversiones que buscan acelerar la transición.
Para Pablo Bereciartua, ministro de Movilidad e Infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires, la utilización de unidades eléctricas en las ciudades ya dejó de ser una alternativa a futuro para convertirse en una tecnología presente.
“Sin duda que en entornos urbanos y suburbanos el uso de los buses eléctricos son hoy una realidad incontrastable en el mundo y ahora la Ciudad de Buenos Aires: son vehículos silenciosos, seguros y sobre todo sustentables, ya que no generan emisiones de Gases de Efecto Invernadero durante su operación”, sostuvo el funcionario.


















