
El Niño es un fenómeno climático que consiste en la elevación anómala de la temperatura superficial del océano Pacífico central y oriental. Esta variación altera, a su vez, el comportamiento de la atmósfera y desencadena cambios en las lluvias y las temperaturas a escala global
El informe también destaca otro factor relevante: la fase positiva del dipolo del océano Índico. Este término se refiere a una diferencia inusual de temperaturas entre el oeste y el este de ese océano. En este caso, se prevé que el sector occidental presente aguas más cálidas de lo habitual, mientras que el oriental se mantendrá más frío. Esta configuración, sumada al episodio de El Niño, puede exacerbar los eventos climáticos extremos y aumentar la vulnerabilidad de las regiones cercanas, sobre todo en la cuenca del Índico.

Además, se espera que la región tropical del Atlántico mantenga temperaturas superficiales del mar superiores a la media, lo que podría contribuir a modificar la dinámica climática en las próximas semanas y meses.
La OMM subraya la necesidad de que los gobiernos y las comunidades permanezcan atentos a los pronósticos y refuercen las medidas de prevención, especialmente en los sectores más vulnerables, como la agricultura, la gestión del agua y la salud pública.
El patrón de lluvias cambiará en Europa, Sudamérica y el norte del continente europeo
El boletín climático estacional de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) subraya que el impacto de El Niño no se limitará únicamente al aumento de las temperaturas. En el apartado de precipitaciones, el informe proyecta condiciones más húmedas de lo habitual en el sur de Europa y en el sudeste de Sudamérica, mientras que el noroeste de Sudamérica y el norte de Europa enfrentarían un escenario caracterizado por mayor sequía.

Este diagnóstico responde a la pregunta central que plantea la advertencia de la OMM: ¿qué cambiará en los próximos meses? Según el organismo, la respuesta es clara y doble: por un lado, se prevé más calor en una amplia franja del planeta; por otro, habrá una redistribución de las lluvias, lo que puede traducirse en déficit hídrico en determinadas regiones y exceso de agua en otras.
El informe mensual citado en el documento oficial del organismo internacional señala que el episodio de El Niño continuará fortaleciéndose de manera sostenida hasta transformarse en un evento de intensidad fuerte durante el trimestre agosto-octubre de 2026. La evaluación incorpora no solo el seguimiento de El Niño, sino también la influencia del dipolo del océano Índico y la situación del Atlántico tropical, factores que pueden modificar aún más el comportamiento del clima global en los próximos meses.
Cómo impactará en Argentina
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la intensificación de El Niño tendrá efectos directos sobre el clima de Argentina durante los próximos meses. El organismo proyecta condiciones más húmedas de lo habitual en el sudeste de Sudamérica, una región que incluye a gran parte del territorio argentino. Esta situación podría traducirse en lluvias por encima del promedio, lo que eleva la probabilidad de inundaciones y crecidas de ríos en zonas agrícolas, urbanas y rurales.
Además, la OMM identifica a Argentina entre los países que enfrentarán temperaturas superiores a los valores normales. El fenómeno, asociado con océanos excepcionalmente cálidos, puede derivar en oleadas de calor y aumentar la frecuencia de eventos
La combinación de lluvias intensas y altas temperaturas exige una mayor preparación y monitoreo por parte de autoridades y población, para reducir el impacto de posibles emergencias climáticas en todo el país.
La crisis climática y los combustibles fósiles
Al difundirse los datos, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió: “El Niño ya no está a la vuelta de la esquina, sino que ha entrado en casa y ha subido la calefacción. Y esto es solo el calentamiento”.
El experto enfatizó que el actual episodio de El Niño se encuentra intensificándose, agravando la situación de un planeta afectado por olas de calor extremo, incendios forestales de gran escala y océanos con temperaturas sin precedentes.
extremos. Estos cambios representan un desafío para sectores sensibles como la agricultura, la gestión del agua y la salud pública, especialmente en comunidades vulnerables.


















