El general José Gervasio Artigas tenía una manía: se llamaba democracia. Cada vez que debía tomar una decisión importante convocaba al pueblo o a sus representantes para obtener sus pareceres. Así se produjeron los congresos de Abril, Tres Cruces y Peñarol, o las asambleas de La Paraguaya, de la Panadería de Vidal y de Ábalos (después de la derrota en Tacuarembó, ya en el final de su carrera política), entre unos cuantos más. Recordemos sus palabras: “Mi autoridad emana de vosotros y está cesa ante vuestra presencia soberana”. Y así era nomás, unidad de palabras y acción.
El artiguismo se reúne como siempre y esta vez le toca hacerlo en la capital entrerriana. Es el 29 junio de 1815 y la historia reconocerá ese encuentro como Congreso de Oriente o Congreso de la Liga de los Pueblos libres, o de Concepción del Uruguay o del Arroyo de la China.



















