A esto se sumó una menor incidencia de los llamados impuestos de emergencia —como el impuesto al cheque y los derechos de exportación— que en 2025 representaron el 12% de la recaudación total, frente al 17% del año anterior.

Menor inflación, menor “impuesto invisible”

Otro cambio relevante se vincula con la desaceleración inflacionaria. En 2025, la inflación se ubicó en 39,1%, el nivel más bajo desde 2017, lo que redujo el peso del denominado “impuesto inflacionario”.

Según el informe, este componente cayó a 1,1% del PBI, uno de los valores más bajos de las últimas dos décadas. Esto implica una menor carga indirecta sobre los contribuyentes, especialmente en los sectores más vulnerables.

Alta carga y costos de recaudación que no ceden

Pese a estos avances, el diagnóstico general sigue siendo crítico. Argentina no solo mantiene una presión tributaria superior a la de sus pares regionales, sino que además enfrenta mayores costos para recaudar.

El país pasó de un costo de recaudación de 1,12 a 1,31 unidades por cada 100 recaudadas, mientras que el promedio de América Latina bajó a 0,85. Es decir, no solo se paga más, sino que el sistema es menos eficiente.

Esta combinación impacta en el índice de desempeño del sistema tributario, que apenas mejoró de 4,3 a 4,4, manteniéndose en una zona de cumplimiento parcial de sus objetivos.

El informe también advierte que el escenario podría haber sido más favorable si se hubiera avanzado con la reducción del impuesto a las ganancias para empresas. De haberse implementado, el índice habría alcanzado 4,6 y beneficiado a más de 56.000 firmas, equivalente al 34,3% del total.

En síntesis, concluye el análisis, el sistema tributario argentino muestra señales de alivio en algunos indicadores, pero continúa condicionado por problemas estructurales —alta carga, complejidad y costos elevados— que siguen siendo un freno para su eficiencia y competitividad.