
Compartir con Doña Laurentina Candioti la celebración de sus 100 años fue, para mí, volver a caminar por los senderos de mi juventud. En su presencia revivieron los recuerdos de mi querido barrio Almirante Brown, del glorioso Santa María de Oro y de tantos amigos y amigas entrañables que la vida me regaló.
La casa de Laurentina siempre fue así: con las puertas abiertas y la mesa tendida, con un plato de comida y una palabra cálida para todo aquel que llega. Esa generosidad simple y profunda habla de quién es ella: un verdadero ejemplo de compromiso con la vida y con los demás.
A su hermosa familia, gracias de corazón por abrirme las puertas de su hogar y permitirme compartir momentos tan lindos y significativos. Celebrar un siglo de vida rodeado de afecto es, sin dudas, una bendición.


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