"Matalo, matalo": así planearon y ejecutaron el crimen de Jeremías

El brutal homicidio del adolescente en la provincia de Santa Fe empieza a inscribirse en la historia argentina como uno de los más crueles y sangrientos cometidos por menores de edad.

Policiales01/02/2026TABANO SCTABANO SC
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La familia exige justicia y pide que los adolescentes sean juzgados.

No es fácil encontrar antecedentes a un crimen semejante y, en un repaso rápido, surgen casos como el del “petiso orejudo”, Cayetano Santos Godino, que a principios del siglo XX y entre sus 9 y 16 años, asesinó a 4 niños entre 2 y 5 años e intentó estrangular a otros 7.
 

O la masacre de Carmen de Patagones del 27 de noviembre de 2004, cuando Rafael Solich, de tan solo 15 años, fue a la escuela con el arma reglamentaria de su padre prefecto, para disparar contra sus compañeros en medio de la clase, asesinando a 3 de ellos e hiriendo a otros 5.

Pero esos homicidios gravísimos de la historia criminal nacional, a la luz de lo que la investigación por el homicidio de Jeremías Monzón empieza a revelar, parecen quedar atrás en los niveles de perversión y placer con el que actuaron sus tres asesinos de entre 14 y 16 años.

Es que para matar a Jeremías hubo un plan macabro. Un plan que pensó desde la forma de captarlo hasta cómo harían los 3 perversos adolescentes para intentar desviar la investigación.

Para matar, determinaron roles. Cada uno sabía qué debía hacer y disfrutarían al llevarlo a cabo. Prueba de ello es el video que grabó la asesina de 16 años que citó a la víctima sin que sospechara que aquel 18 de diciembre se dirigía hacia su destino final.

La investigación cree que el homicidio estuvo motivado por la difusión, adjudicada a Jeremías, de escenas de alto contenido sexual que tenían a los asesinos y a la víctima como protagonistas.

Antes de salir en su bicicleta desde Santo Tomé hacia la ciudad de Santa Fe, Jeremías avisó a su familia que se encontraría con un amigo: “Me voy a la costanera”, les dijo. Pero en realidad iba a encontrarse con la joven a la que frecuentaba desde hacía unas semanas y que lo había citado para verse.

Mientras tanto, los asesinos ultimaban detalles. Todos oriundos del barrio “Chalet”, ubicado en el ingreso a la capital santafesina, no solo habían elegido cómo iban a llevar adelante el hecho, sino que también habían convenido dónde.

El sitio seleccionado fue una fábrica abandonada en las inmediaciones de su barrio. Una zona cercana, pero en la que nadie escucharía ningún pedido de auxilio.

Hasta allí llegó caminando con la joven. Las cámaras de seguridad los registraron caminando juntos hasta el lugar donde encontraría la muerte.

Fue esa cámara la que, durante las primeras 72 horas de búsqueda, hizo creer a la policía que se había escapado junto a la menor de 16 años. Nunca imaginarían la escena que denunciaría un llamado al 911.

El lunes 22 de diciembre un vecino llamó a la policía denunciando olores nauseabundos. Fue así que los oficiales dieron con la escena del crimen.

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Jeremías Monzón, de 15 años, asesinado en Santa Fe de 23 puñaladas.
La policía de investigaciones de Santa Fe estaba frente a un escenario macabro. El cuerpo de Jeremías estaba dentro de una de las habitaciones de la fábrica abandonada, desnudo, con múltiples heridas de arma blanca y cubierto con cartones.

Inmediatamente, los investigadores se abocaron a la búsqueda de la joven con quien había sido visto por última vez. Creían que allí estaba la clave de su homicidio.

Y no se equivocaban. La policía la detuvo al día siguiente. Ya la conocían. Es que la habían entrevistado a 24 horas de la desaparición y había intentado hacer creer a los investigadores que la desaparición tendría que ver con que Jeremías había abusado de una menor y luego de registrarlo en video, lo había utilizado para extorsionar a la víctima. Era una perversa mentira para desviar la investigación.

Tras su detención comenzaron a armar el rompecabezas del plan que había terminado con la vida de “Jere”, como lo llamaba su familia.

En medio de ese análisis criminal, una parte del plan salió a la luz. Es que tres días después, a casi dos kilómetros de la escena del crimen, la policía halló en el “Parque del Sur”, la ropa de Jeremías y una especie de lápida. Sobre una piedra podía leerse: “Jere 18/12/25”

Otro intento para confundir a los investigadores. Pero los asesinos irían más allá: mientras la policía buscaba a los cómplices de la menor detenida, uno de los asesinos se divertía participando de las marchas en las que la familia exigía justicia.

Hoy los dos adolescentes de 14 años y la joven de 16 están acusados de homicidio triplemente agravado por el concurso premeditado de dos o más personas, ensañamiento y alevosía. Figura penal que prevé como pena única la prisión perpetua.

Pero los asesinos son menores y allí todo se vuelve más dramático para la familia de “Jere”. Es que, según la ley, la edad de imputabilidad se ubica en los 18 años. Por debajo, rige el régimen penal juvenil.

Los menores de 16 años no son punibles penalmente. Es decir, no pueden ser condenados ni recibir pena y, en este caso, solo pueden quedar sujetos a un seguimiento tutelar a cargo de la Secretaría de la Niñez provincial.

Pero al cumplir los 16, la ley prevé la posibilidad de que el menor sea punible solo en los casos donde se le impute un delito grave, donde la pena en expectativa supere los 2 años de prisión.

Allí encuadra el caso de la adolescente que planificó, ordenó y grabó el asesinato de Jeremías. Así será sometida a un régimen penal juvenil especial, por el cual podría estar recluida en institutos de menores hasta que cumpla la mayoría de edad.

Al cumplir los 18 años, el juez a cargo tendrá la potestad para definir una pena privativa de la libertad. Es entonces que deberá decidir si aplica sanción, pudiendo reducir la pena a la tentativa de homicidio, que va de 10 a 15 años.

El caso de Jeremías volvió a poner en agenda la baja en la edad de imputabilidad. Debate de larga data que ahora el Gobierno Nacional busca incluir en las sesiones extraordinarias del Congreso que comenzarán la próxima semana. La propuesta es que se baje la edad de imputabilidad en 5 años, ubicándola en los 13.

La investigación por el crimen de Jeremías sigue avanzando y en las últimas horas resolvió dos nuevas detenciones. La de un medio hermano de uno de los asesinos de 14 años, por amenazar a familiares de la víctima.

Pero también se ordenó la detención de Nadia Juárez, madre de la adolescente de 16 años a la que la justicia le imputa una participación secundaria en el homicidio. Es decir, que colaboró de alguna manera para que se concrete el crimen, pero que sin su participación el homicidio de todos modos se hubiera llevado a cabo. Esa imputación prevé una pena de 10 a 15 años de prisión

La acusación contra Juárez se basa en la grabación de una cámara de seguridad del Club Atlético Colón de Santa Fe, donde quedó registrado un encuentro entre el trío asesino y la mujer una hora después de matar a Jeremías.

Creen que allí, los asesinos le mostraron el video del asesinato, ya que se los ve mirar con atención un teléfono y esa secuencia tiene la misma duración que la perversa grabación. Luego, los menores descartarían la ropa de la víctima en el Parque del Sur.

Sin reparo para tanto dolor, la familia de “Jere” exige justicia, mientras el debate público se horroriza con los detalles de un crimen que no tiene antecedentes ni tampoco explicación, de cómo tres adolescentes demostraron semejante saña y desprecio por la vida de un chico de su misma edad.

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