La tarde del domingo 25 de enero transcurría sin sobresaltos en la zona noroeste de Concordia cuando el personal de la Comisaría Octava irrumpió en una vivienda de calle 58, entre J. J. Solá y Teniente Ibáñez. El allanamiento, ordenado por el juez de Garantías Francisco Ledesma y solicitado por la fiscal de Género Agustina Solé, respondía a una denuncia que, en otro tiempo, quizá habría sido considerada menor, casi anecdótica.
Pero no en esta Concordia de hoy.
Horas antes, una mujer había relatado que, en plena madrugada, un hombre ingresó a la casa de su expareja y se llevó un termo y un mate. Objetos simples, cotidianos, casi insignificantes en el inventario de la vida doméstica. Pero el contexto —violencia de género, irrupción en domicilio ajeno, antecedentes de conflicto— transformó lo que algunos llamarían “una pavada” en un hecho judicialmente relevante.
El jefe de la dependencia, Nicolás Rodríguez, encabezó el operativo. En la vivienda del sospechoso, los efectivos encontraron un termo que coincidía con la denuncia. Ese solo elemento bastó para que la fiscal dispusiera la detención del acusado, un joven de 28 años.
Y aquí es donde la crónica policial se cruza con la reflexión inevitable. Hubo un tiempo —no tan lejano— en que la maquinaria judicial se reservaba para asuntos “serios”, como decía aquel célebre juez porteño que jamás imaginó la realidad de una ciudad empobrecida como Concordia. Un tiempo en que un termo y un mate jamás habrían movilizado a policías, fiscales y jueces. Pero la feria judicial deja a la vista otra dinámica: menos expedientes, más disponibilidad, y quizás también la necesidad de mostrar actividad en un sistema que, cuando está saturado, suele dejar pasar lo pequeño hasta que se vuelve grande.
En esta ocasión, lo pequeño no pasó. El termo —y el mate ausente— adquirieron un valor simbólico inesperado. Ya no fueron una “bagatela”, sino la punta visible de un conflicto mayor, de esos que se incuban en la intimidad y terminan explotando en los pasillos de Tribunales.
En Concordia, a veces, la justicia se ocupa de lo que tiene a mano. Y lo que tuvo a mano, esta vez, fue un termo.
Un hecho de inseguridad en la zona rural de Corrientes movilizó a las autoridades de la Sociedad Rural Correntina a expresar su preocupación por el asesinato de un hombre de campo en un paraje rural de La Cruz en ocasión de un robo.
Lo que comenzó como un conflicto vecinal en la intersección de Sargento Cabral y C. Veiga escaló rápidamente hasta convertirse en un operativo policial que terminó con dos hombres detenidos y un arma de fuego secuestrada.
Un empleado municipal robó aceite… y terminó exponiendo algo mucho más grave: en su casa la Policía encontró un arsenal con municiones de alto calibre. Padre e hijo detenidos y un interrogante que estalla: ¿para qué tenían semejante poder de fuego?
El hombre, de 59 años, falleció este viernes por la mañana mientras realizaba tareas en un silo. La Policía y la Justicia investigan las causas del fatal desenlace y el cuerpo fue trasladado a la morgue de Concordia.
La Fiscalía de Delitos Contra la Integridad Sexual precisó el delito por el que se realizará la acusación, luego de la Procuración ordenara avanzar sobre la nueva investigación.
La Policía realizó múltiples operativos por una causa de abuso de armas y terminó secuestrando rifles, cartuchería y un equino en mal estado, además de constatar la presencia de otros animales en condiciones sanitarias críticas. Un hombre con pedido de captura fue detenido.
La víctima de la puñalada fue derivado al hospital con una navaja "incrustada en el pecho", pero poco después de llegado al nosocomio falleció, informaron fuentes policiales. El agresor huyó y lo detuvieron en el Colegio Nacional.
El hombre, de 59 años, falleció este viernes por la mañana mientras realizaba tareas en un silo. La Policía y la Justicia investigan las causas del fatal desenlace y el cuerpo fue trasladado a la morgue de Concordia.