Los microplásticos ya se encuentran en la sangre y la leche materna: ahora también podrían encontrarse en las botellas de agua
Reutilizar botellas para reducir el consumo de plástico es una práctica cada vez más habitual. Sin embargo, esta costumbre también genera dudas sobre la posible incorporación de microplásticos, bisfenoles y bacterias al organismo. La evidencia científica disponible permite hacer una distinción importante: reutilizar una botella no significa automáticamente que exista un riesgo elevado para la salud.
La evidencia científica disponible permite hacer una distinción importante: reutilizar una botella no significa automáticamente que exista un riesgo elevado para la salud.
Microplásticos: por qué preocupa su presencia
En los últimos años se han encontrado microplásticos en distintas partes del organismo humano, lo que despertó preocupación sobre sus posibles efectos a largo plazo.
Pero una cosa es detectar microplásticos y otra muy distinta es afirmar que reutilizar una botella de manera razonable provoca necesariamente un problema de salud. El riesgo puede aumentar cuando el plástico sufre desgaste, rayaduras o exposición a temperaturas elevadas. Por eso, no es recomendable utilizar una botella deteriorada o colocar dentro de ella líquidos muy calientes si el fabricante no indica que el recipiente está preparado para soportarlos.
Durante años circuló la idea de que rellenar una botella de plástico repetidamente podía provocar una acumulación peligrosa de bisfenol A (BPA). Sin embargo, distintos estudios que analizaron botellas reutilizadas bajo condiciones habituales no encontraron una migración significativa de BPA al agua simplemente por rellenarlas.