Plata dulce y deudas amargas: la historia de cómo la dictadura destruyó la industria nacional y la economía
El gobierno de facto, a través de su ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, desplegó un plan de corte neoliberal basado en la apertura, el endeudamiento y la especulación financiera, que barrió de un plumazo la matriz de industrialización por sustitución de importaciones, motor del desarrollo en décadas anteriores. ¿Los resultados? Un país destruido y un modelo cuya herencia, a 50 años del golpe, todavía lacera la estructura económica del país.
El dictador Videla con Martínez de Hoz, el civil más influyente del régimen.
"(...) Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada".
El último golpe de Estado cívico-militar del país, perpetrado el 24 de marzo de 1976, no sólo marcó el inicio del período más sangriento de la historia argentina, con el secuestro, la tortura y la desaparición de personas institucionalizados como política de Estado, sino que también inauguró una nueva estructura económica y social, impuesta a través de la represión ilegal y clandestina. El nombramiento deJosé Alfredo Martínez de Hozcomo ministro de Economía fueel vehículo para instaurar un nuevo patrón de acumulación basado en la valorización financiera,desplazando a la industria del centro de la economía.
El desarrollo de una política económica de corte neoliberal constituyó el intento más profundo de transformación regresiva y concentradora de la estructura productiva del país.Barrió con la matriz de industrialización por sustitución de importaciones, motor del desarrollo inaugurado en la década del ’30 y sostenido por el peronismo y el desarrollismo-e incluso por dictaduras como la deJuan Carlos Onganía-, que había generado empleo y valor agregado. Bajo la premisa de que el Estado intervencionista era responsable del “desorden”, la dictadura buscó disciplinar a la sociedad a través del mercado y la represión.
Martínez de Hoz y el dictador Jorge Rafael Videla, su hombre de confianza.
La apertura comercial indiscriminada, la eliminación de protecciones a la producción local, la desregulación financiera y el endeudamiento externose convirtieron en los pilares de un esquema que desplazó a la industria nacional y promovió la especulación financiera, alimentada por las variaciones del tipo de cambio y la aceleración inflacionaria. Esta reconfiguración —de una economía industrial a otra centrada en la valorización financiera— favoreció a los grandes grupos económicos y avanzó hacia una mayor concentración de la riqueza, con un objetivo claro: quebrar la alianza distributiva entre la burguesía nacional y los trabajadores industriales.
Las consecuencias fueron devastadoras.La deuda externa se multiplicó por cinco, pasando de unos 7.500 millones de dólares a cerca de 45.000 millones hacia el final del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, mientras que la pobreza trepó del 2,6% en 1974 al 25,3% en 1983 y la desocupación se triplicó. En paralelo, la inflación se mantuvo en niveles extremadamente elevados -con promedios cercanos al 200% anual- y acumuló cifras extraordinarias a lo largo del período.La estructura productiva del país quedó severamente dañada y la deuda externa contraída en esos años condicionó la economía argentina durante décadas.
Crisis del petróleo y Rodrigazo: la antesala del quiebre económico
La muerte deJuan Domingo Perón, el 1º de julio de 1974 dejó un vacío de poder en el Gobierno, que rápidamente se trasladó a lo económico. La breve tercera presidencia justicialista, de austeridad y concordancia, había mejorado los números de crecimiento. Los salarios reales habían alcanzado mejoras de hasta el 50% respecto a 10 años atrás, y se dieron hitos como la ampliación de la Flota Mercante argentina o la apertura de la Central Nuclear Atucha I. La balanza comercial había alcanzado superávit por mil millones de dólares. En materia de aumentos de precios, si bien durante 1973 mantuvo un nivel alto, cercano al heredado, ya para 1974 había bajado a un 24%, el valor más bajo en cuatro años.
Perocon la muerte del Presidente, asumió la presidencia su vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón y las luchas internas del peronismo desangraron a la sociedad y al Estado. Presionada por los sectores empresarios y sindicales, la primera presidenta mujer de Argentina nombró ministro de Economía aCelestino Rodrigo, quien al poco tiempo aplicaría la devaluación del peso y detonaría el conocido"Rodrigazo", un plan de ajuste feroz: en los diez meses que transcurrieron entre el anuncio del plan económico y marzo de 1976, la inflación fue del 481% (casi un 50% mensual).
Celestino Rodrigo, ministro de Economía de Isabel Perón, llevó a cabo un feroz ajuste que desembocó en una explosión social.
El paquete de medidas fueun punto de quiebre en la historia del país, que generó el inicio de 16 años de un régimen de alta inflación, que hasta hoy perdura en el día a día. Entre las medidas tomadas, determinó una devaluación del peso con relación al dólar que osciló entre el 80% y el 160%, un aumento sideral de los precios que en algunos casos llegó al 180% como en las naftas o el 75% en las tarifas de colectivos y un tope a los aumentos salariales en las negociaciones paritarias de las empresas con los sindicatos. Se terminó así con el“Pacto Social”que desde 1973 regía la relación entre los patrones, el Estado y los trabajadores. Se trataba de un ajuste que beneficiaba al capital local y financiero más concentrado, una política de shock para revertir la crisis económica que desembocó en un estallido social con la primera huelga general de la CGT contra un gobierno peronista.
A nivel mundial circulaban nuevas ideas en economía.La crisis petrolera que estalló en 1973, donde los países árabes decidieron bloquear sus exportaciones de crudo a aquellos países que habían apoyado a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur, fue el primer gran sacudón capitalista de la posguerra, y el inicio del fin de las tres décadas "gloriosas" que supieron construir en Europa las bases del Estado de Bienestar. Tras el shock petrolero, las economías centrales comenzaron a experimentar un fenómeno inédito hasta entonces: la estanflación, es decir, la combinación de inflación alta con recesión económica.
En el modelo keynesiano clásico, la inflación era entendida como el resultado de tensiones en una economía en expansión: subía cuando la demanda era elevada y el desempleo bajo. Todo lo contrario a lo que comenzó a observarse en Estados Unidos, Europa y otras economías desarrolladas. A partir de allí, la revolución keynesiana de la posguerra dio paso a una contrarrevolución neoclásica.
30 de marzo de 1976: Martínez de Hoz le toma juramento a Guillermo Klein, secretario de Programación y Coordinación Económica.
Nuevas corrientes, como el monetarismo y la teoría de las expectativas racionales -impulsadas por economistas como Milton Friedman y Robert Lucas, citados permanentemente por el actual presidente Javier Milei- comenzaron a ganar terreno en el debate global. Estas corrientes planteaban que las economías tienden naturalmente al equilibrio y que existe un nivel “natural” de desempleo y actividad que la política económica no puede modificar de manera sostenida. En este marco, la intervención del Estado no solo era ineficaz, sino potencialmente perjudicial: podía generar inflación, distorsiones y aumento de la deuda.
Tanto el abandono del patrón oro por parte de Estados Unidos en 1971 y la invasión de petrodólares, a raíz de en un fenomenal aumento de los precios de los combustibles y en fuertes restricciones para su consumo, aumentó fuertemente la liquidez global y los países productores comenzaron a ofrecer préstamos a granel, sobre todo a los países de la periferia, que hicieron explotar las monumentales deudas externas. América Latina accedía, entonces, a deuda barata en dólares para financiar déficits ante bajos precios en commodities.
El otro 2 de abril: "Achicar el Estado es agrandar la Nación"
La historia de José Alfredo Martínez de Hoz, abogado, economista y de familia patricia, en la dictadura militar comenzó en Kenia, África. Presidente de la empresa de aceros Acindar, era un fiel exponente de la aristocracia agraria argentina. Su padre fue el primer titular de la Sociedad Rural Argentina y tenía grandes contactos en Washington como el banqueroDavid Rockefeller. El 12 de marzo un oficial del Ejército se comunicó con Martínez de Hoz para pedirle que interrumpiera su safari en tierras africanas y regrese urgentemente al país. El 29, cinco días después del derrocamiento de Isabel de Perón, se anunció que Martínez de Hoz sería el ministro de Economía del gobierno militar.
"Se abre señores un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas", aseveró el funcionario, tras un discurso de más de dos horas, donde anunció tres programas:"Liberación y Modernización de la Economía", "Modernización del Estado" y "Estabilización de los Precios". El miedo a los efectos de un nuevo "Rodrigazo", provocó en los militares desplegar un modelo "gradualista".
Se estableció un programa de liberalización de los mercados y posterior apertura externa, que proponía la eliminación del conjunto de regulaciones, subsidios y privilegios; se procuraba así modernizar e incrementar la eficiencia de la economía. Para modificar la estructura económica, las primeras medidas fueron:congelamiento de los salarios de los trabajadores por 120 días, eliminación del control de precios, reducción de aranceles a la exportación, reducción de las retenciones agropecuarias y devaluación del peso, para disminuir la presión inflacionaria.Esas medidas modificaron los precios relativos en favor de los productores agropecuarios, que exportaban sus productos en divisas norteamericanas, en detrimento de los asalariados con un poder de compra recortado. Además, eliminó los controles de cambios e instauró un mercado de cambios único y administrado (no un mercado enteramente libre).
El flamante ministro,el civil más influyente de la etapa más oscura del país, describió los que eran para el nuevo gobierno los principales problemas de la economía argentina: un Estado empresario que había asumido funciones correspondientes a la iniciativa privada, que había regulado actividades económicas que debía realizar el mercado a través de la oferta y la demanda, que había intervenido en el mercado laboral estableciendo pautas rígidas para las relaciones obrero-patronales (leyes sobre empleo estable, indemnización por despido, negociaciones colectivas, etc.) y que también había protegido a los empresarios a través de aranceles a la importación de mercaderías y subsidios."Achicar el Estado es agrandar la Nación", fue su frase de cabecera.
En agosto de 1976, Jorge Rafael Videla sancionó laLey de Inversiones Extranjeras, que desreguló los controles sobre ese flujo. En el plano monetario, en línea con el enfoque ortodoxo, el plan comenzó con una severa contracción. Hasta ese momento, se trataba de un programa liberal relativamente tradicional, con particular énfasis en contra de la industria y a favor del agro.
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